Sin agua, sin internet y sin oportunidades

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El verdadero desarrollo se refleja en la capacidad del Estado para asegurar servicios básicos y reducir las desigualdades para todos los ciudadanos, sin importar dónde hayan nacido.

Por: Milagros Rosario Quispe Quispe

La dura realidad que viven miles de familias en el Perú

En el Perú, miles de familias todavía viven en casas sin agua potable, sin desagüe y sin Internet. Mientras algunos niños pueden estudiar conectados desde sus hogares, otros deben buscar señal en cerros, plazas o caminos para poder usar Internet, y muchas familias aún tienen dificultades para acceder a agua potable todos los días.

La tesis doctoral “Acceso a infraestructura y pobreza de los hogares en Perú: un enfoque de ciencia de datos”, desarrollada en la Universidad Complutense de Madrid, muestra una realidad preocupante: cuando una familia no tiene servicios básicos, no solo vive en pobreza hoy, sino que también tiene menos oportunidades de salir de la pobreza mañana.

La investigación analiza cómo la infraestructura, agua potable, saneamiento, electricidad, vivienda e Interne, influye directamente en el crecimiento económico y en la calidad de vida de las personas. Pero más allá de las cifras y modelos estadísticos, el estudio revela una realidad profundamente humana: una familia que crece sin agua, sin desagüe o sin Internet no solo enfrenta dificultades en el presente, sino que también ve reducido su futuro, porque tiene menos oportunidades de estudiar, trabajar y mejorar su calidad de vida. Uno de los hallazgos más importantes del estudio demuestra que la infraestructura sí genera crecimiento económico. Después de analizar investigaciones realizadas en distintos países del mundo, la tesis confirma que la inversión en infraestructura mejora la productividad y ayuda al desarrollo de las naciones. Sin embargo, también advierte que el impacto no es automático. Los beneficios dependen de la calidad de las inversiones, de las instituciones y de que las obras realmente lleguen a la población que más las necesita.

En el caso peruano, la situación es preocupante. Aunque en las últimas décadas hubo avances, todavía existen enormes desigualdades entre las zonas urbanas y rurales. Muchas familias continúan sin acceso adecuado a agua potable, desagüe, electricidad o Internet. La tesis señala que en 2020 solo el 51% de los hogares pobres tenía acceso a saneamiento, mientras que en los hogares no pobres la cifra llegaba al 73%. En acceso a Internet, la diferencia era aún más dura: apenas el 18% de los hogares pobres contaba con conexión, frente al 45% de los hogares no pobres.

La investigación explica que la falta de infraestructura no es solo una carencia material. También limita el acceso a educación, salud, información y empleo. Un niño que vive en una casa sin Internet tiene menos oportunidades de estudiar. Una familia sin agua potable enfrenta más enfermedades y mayores gastos. Una comunidad sin conectividad queda aislada del mercado, de los servicios del Estado y de las oportunidades digitales.

Uno de los capítulos más importantes de la tesis analiza el impacto del acceso gratuito a Internet en zonas rurales del Perú. Los resultados muestran que la conectividad puede mejorar los ingresos y generar nuevas oportunidades económicas para las familias. El Internet ya no es un lujo: hoy es una herramienta de desarrollo, educación y productividad. En las comunidades rurales, tener conexión significa poder vender productos, acceder a información, estudiar a distancia y comunicarse con el mundo.

Sin embargo, el estudio también advierte que la conectividad por sí sola no basta. Para que el Internet transforme realmente la vida de las personas, debe ir acompañado de educación digital, inversión pública y políticas que reduzcan las desigualdades territoriales. De lo contrario, la brecha digital puede seguir ampliando las diferencias entre regiones.

La tesis concluye que la infraestructura debe ser entendida como una política de justicia social y no únicamente como una obra pública. Construir carreteras, ampliar redes de agua o llevar Internet a los pueblos más alejados no solo mejora indicadores económicos; también devuelve dignidad, oportunidades y esperanza a millones de peruanos. En un país donde todavía existen profundas desigualdades, esta investigación plantea una reflexión urgente: el verdadero desarrollo no puede medirse solamente por el crecimiento económico de las ciudades, sino por la capacidad del Estado de garantizar condiciones básicas para todos los ciudadanos, sin importar dónde hayan nacido.

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* Dra. Milagros Rosario Quispe Quispe. Profesora Auxiliar de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

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