Jindley vargas
Mientras miles de amazonenses padecen el calvario diario de colas, desabastecimiento y citas a cuentagotas, el Virgen de Fátima montó su comedia ante la «visita ilustre» del senador Arista: un paseo VIP guiado por el mismísimo director viajero, el Dr. Trigoso; puro turismo parlamentario con cargo a los impuestos del pueblo.
Resulta conmovedor ver a un legislador de la Republica descubrir, en pleno 2026, que nuestro hospital necesita equipamiento y presupuesto. Tuvo que pasearse, mirar estantes vacíos y suspirar en neonatología para enterarse de lo que cualquier vecino de Chachapoyas sabe y sufre en carne propia desde hace años.
La cumbre del circo fue la parada táctica en Informática: la dirección exhibió henchida de orgullo el «Sistema Pakamuros» y su historia clínica digital. Maquillaje burocrático puro. Presumir modernización con un software de vanguardia que terminó arrinconado por la falta de autoridad y meritocracia es como alardear de tablero digital en un auto sin motor. Una cortina de humo informática para tapar la inoperancia.
El cuadro fue patético: el director de la eterna ausencia, responsable de la involución hospitalaria y del desplome de indicadores, ejerció de anfitrión de lujo para un senador hambriento de titulares. Intercambio perfecto de favores: uno tapó su incapacidad y el otro justificó la semana. Nadie habló de auditorías ni de gasto real. Para ellos fue un «diálogo fructífero»; para el pueblo, una descarada tomadura de pelo.
Mucho antes de esta farsa de comparsas y aplausos fáciles, la sociedad civil ya les había marcado la cancha. Mientras la clase política ensaya paseos de fachada para enterarse de la crisis, el FREDDICH ya puso sobre la mesa el Dossier Ciudadano: un diagnóstico técnico irrefutable y una hoja de ruta que las futuras autoridades deberán ejecutar en estricto cumplimiento del Pacto de Honor firmado ante el pueblo.
Señores representantes: la salud de Amazonas no se negocia en paseos de fachada ni se resuelve con sonrisas de protocolo. Se resuelve con auditorías drásticas a los presupuestos ejecutados y con la determinación de un pueblo organizado. Amazonas ya no está para shows; exige cuentas claras y el fin inmediato de la impunidad burocrática.




