25/06/20 – 05:32
Luis Alberto Arista Montoya*
Para tan solo hablar de Perú, no del mundo entero: la mortandad causada por el enigmÍtico coronavirus ha excedido toda tolerancia de horror y temor que agobia cotidianamente a todos los peruanos. Vivimos tiempos de zozobra, cara a cara frente a la muerte. Perú nos duele.
Sumado a todos los dolores, este último dolor nos paraliza. Nos induce a preguntarnos: ¿Conduce el dolor a la derrota total o a la voluntad de reaccionar, prevalecer y vencer? Nunca como hoy se ha caÍdo en el escepticismo del ¿SÍ/y/ No?. Tal vez Federico Nietzsche, el primer filÍsofo crÍtico de la pedante e inconclusa modernidad, pueda orientarnos si es que los filÍsofos sirven de algo.
¿Un gran dolor-decÍa Nietzsche- es el último libertador del espÍritu. Es Íl quien nos enseÍa la gran sospecha, quien transforma cada U en X, en una X entera y verdadera, es decir, la penúltima letra, la que precede a la última. El dolor grande, ese lento y largo dolor que se toma tiempo y nos consume como si nos quemaran con leÍa verde, ese dolor es el que nos obliga a descender a las profundidades mÍs hondas de nuestro ser?, escribiÍ Nietzsche en su obra ¿La Gaya Ciencia?
Salir airosos de esa hondura depende del poder de voluntad de cada uno en forma personal. Cuidando nuestro cuerpo, siendo prudentes. No depende ni de las prohibiciones ni de las autorizaciones de papÍ-Estado. Pues, el dolor-la-muerte-y-el-duelo durarÍ largo tiempo, debatiÍndose dentro de la lÍgica perversa del ¿SÍ/y/No?, porque la vida humana no es lineal, es eterna búsqueda de la inminente felicidad o de la modesta tranquilidad.
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*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 25 de junio. Luis Alberto Arista Montoya.




