Auxilio: ¿Por qué cada cinco años nos suicidamos?

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Madeleine Osterling Madeleine Osterling

Diario expreso

Después de CADE lamentablemente nunca pasa nada. Organizado con una admirable prolijidad e intentando cubrir todos los temas importantes – especialmente seguridad – con expositores y comentaristas de primera línea. ¿Para qué? Los participantes defraudaron. Están bañados en aceite, los mensajes no calan. Una vez más, queda claro que la audiencia asiste para cumplir el ritual, para hacer lobby y tomarse la foto, para luego volver a lo suyo, a la rutina, como si el país no estuviera al borde del abismo.

A los empresarios les da escalofríos cuando les sugieren involucrarse en política. No significa que sean candidatos, sabemos el pasivo que ello conlleva. Supone participar en el debate público, defender principios, proponer reformas, dar la cara. Las políticas públicas determinan todo aquello que les importa: inversión, empleo, seguridad jurídica, infraestructura y competitividad o quizás, vergonzosamente, en la medida que hagan dinero, no les interesa nada más.

En el Perú no hay vocación de renuncia para unir fuerzas y luchar por un proyecto país. El electorado de derecha no es pequeño y está nueva corriente latinoamericana lo ha reforzado. El problema no es el tamaño, sino la fragmentación. Hay cinco o seis candidaturas que se canibalizan entre sí. Todos los saben, pero nadie está dispuesto a perder protagonismo. El exceso de egos es su talón de Aquiles.

Un solo candidato con una lista única para el congreso, con profesionales preparados y con trayectoria hubiera captado inmediatamente a los indecisos, simplificado la votación y, sobre todo dado una señal histórica: existen políticos dispuestos a dar un paso al costado por un bien mayor. Además, de ganar, habría asegurado una bancada importante y representativa, especialmente en la Cámara de Senadores que tendrá un poder sin precedentes. La gran pregunta es: ¿quién la va a controlar? El TC será un contrapeso, pero no un freno. Por esta sola razón, la derecha debió ir unida, para tener mayor fiscalización sobre quienes accederán al Parlamento. Las oportunidades son escasas y se están desperdiciando.

La unidad es tambien el mejor antídoto contra el populismo y los insultos entre pares. El 2016 enfrentó a Keiko y a PPK con un nivel de toxicidad inaceptable. Los agravios y los cuestionamientos a su trayectoria y vida personal fueron bajísimos. Se perdió el mejor escenario para lograr una holgada gobernabilidad y sacar al país del piloto automático en que lo dejó Humala. Ambos son los grandes culpables de la debacle institucional que se inició hace casi 10 años con vacancias exprés y cierres inconstitucionales del Congreso.

Si de mi dependiera, escogería al candidato de derecha con menos resistencia, alguien capaz de liderar una campaña propositiva, enfocada en ideas e inteligencia. Nuestro país está hiperdiagnosticado; lo que faltan son soluciones viables y realistas.

Porque ¿qué credibilidad puede tener un candidato que propone colocar 800 mil grilletes electrónicos a los venezolanos con entradas irregulares o, construir 14 aeropuertos internacionales? No existe capacidad logística ni legal para supervisar tal cantidad de grilletes, además del exorbitante costo. Y, el Perú no tiene demanda – ni la tendrá en 50 años – para ese exagerado número de aeropuertos. Este tipo de promesas fantasiosas solo le hacen daño a la derecha; la ridiculizan.

Las elecciones uruguayas de 2019 son un ejemplo esclarecedor. Este país llevaba 15 años gobernado por el FA, una coalición de Izquierda que, cómoda en el poder, se desgastó y perdió conexión con su electorado natural. La oposición – cinco partidos distintos – entendió que la sola forma de lograr alternancia era unirse detrás de un único candidato presidencial: Lacalle Pou. Ganó por una diferencia mínima, pero tuvo un sólido apoyo parlamentario que le permitió gobernar con estabilidad.

Si ellos pudieron ¿por qué nosotros no? Porque en el Perú nadie quiere ceder ni pasar a la historia como el que renunció por un bien mayor. Lamentable pero cierto.

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