Por: Nicolás Lynch, Sociólogo.
Están en debate los “Lineamientos sobre la gestión de la disciplina escolar en la Educación Básica”, que el Ministerio de Educación ha “pre publicado” para su discusión por parte de la sociedad, a propósito de los graves hechos ocurridos en el Liceo Naval en semanas pasadas. En ellos, sin embargo, hay un cambio de énfasis de lo que el Minedu había aprobado en un tiempo anterior, pasando de subrayar la “convivencia” en la Institución Educativa a subrayar la “disciplina” en la misma, que sería lo que faltaría para que no se repitieran hechos como los arriba señalados.
Lo que resalta de esta iniciativa y sorprende, sobre todo tratándose de un gobierno entrante, es que el debate se centra en un punto, con un énfasis especialmente punitivo del proceso educativo y no en el marco del Plan Nacional de Educación 2026-2031, que se publicó en setiembre de este año, pero sobre el cual no ha habido mayor debate.
Digo esto porque el sector educación es uno severamente desatendido en las últimas décadas, donde hemos visto desde falsas reformas educativas hasta la ya conocida indiferencia de sucesivos gobiernos que ya ni siquiera usan el tema en campaña, acordémonos del último debate para las elecciones pasadas.
En este sector hay serios y gravísimos problemas, desde los fracasos en aprendizajes, evidenciados una vez más en las pruebas PISA, las dificultades que atraviesa al magisterio por sus condiciones de trabajo, lo que redunda en un bajo desempeño y las plazas docentes destruidas por la deficiencia de las evaluaciones de la década pasada. Asimismo, las graves dificultades de aplicación del currículum nacional en los diferentes niveles educativos, hasta el deterioro de la planta física de los colegios que en más de la mitad de los casos no cuentan con los servicios básicos de agua, desagüe y electricidad, junto con el estado ruinoso de sus construcciones. Esto se completa con el crónico sub-financiamiento del sector. No conocemos con claridad cuál es la visión del actual Ministro para darle vuelta a esta situación y no es disculpa la novedad en el cargo, porque el Sr. Chang ya ha ocupado el puesto y sus correligionarios, aunque sea para mediocrizar lo que tocaron, se han ocupado varias veces de los temas educativos.
De esta manera, la política del Minedu pasa a ser una política sobre disciplina escolar y allí hay cuestiones que señalar. De ninguna manera escapar al tema porque es indudable que se observa un deterioro de lo que prefiero llamar convivencia en la institución educativa y la casi desaparición de un término muy socorrido en el pasado “comunidad educativa”. Los lineamientos se centran en la conducta de algunos de los estudiantes, y la gradualidad de las sanciones que recibirán en caso de cometer faltas. Sin embargo, dejan de lado que del proceso educativo son parte también, los profesores, los directores y los padres de familia, conformando lo que recordaba líneas arriba, una comunidad, donde cada cual tiene su papel y, en especial su voz y donde todos se merecen respeto mutuo.
Pero junto con respeto también la indispensable autoridad que hace posible la educación básica, del profesor en el aula, del director en la institución educativa y de los padres de familia en el hogar, para poder articular su corresponsabilidad con el resto y llevar el proceso educativo a buen fin. Todo esto hace la convivencia y la existencia de una escuela democrática donde todos, cada cual, en su lugar, participan. Ahora bien, esto se puede romper, en primer lugar, por las pésimas condiciones de nuestro sistema educativo, principalmente la pobreza crónica del mismo, que hacen más difícil que cada cual cumpla como le corresponde. La pobreza, sin embargo, siendo condición muy importante no es un pretexto universal porque hay múltiples ejemplos en contrario. Existen pues los infractores a las normas que dificultan sino impiden la convivencia en la institución educativa, y por ello la necesidad de un reglamento sobre el punto. Pero el énfasis en este caso está puesto en la sanción y el miedo que este puede producir y no en la reparación del daño y la reorientación y recuperación del estudiante.
El ejemplo más claro es este clamor, animado desde arriba, para que se vuelva a poder “expulsar” estudiantes de la institución educativa. Ciertamente, hay casos extremos en que la perturbación al conjunto por parte de un grupo o de una persona, puede justificar una expulsión, pero del centro educativo no del sistema educativo, porque lo segundo sería botar a los estudiantes a la calle y el Minedu como entidad pública tiene responsabilidad, de acceso y permanencia, sobre todos y cada uno de los educandos. Por ello, la autoridad educativa debe poner en marcha el mecanismo que permita recuperar a los estudiantes en falta, incluso a los estudiantes en falta muy grave.
A esto se agrega, como rúbrica de lo anterior, la obligación de llevar pelo corto, falda larga y la prohibición de aretes, collares “piercings” y similares. Esto último, entra ya al plano del humor, porque nada tiene que ver con que los estudiantes se porten mal o bien, sino con el afán de “vigilar y castigar” que parafraseando a Michel Foucault, parece inspirar a los que no pueden ocultar su vena autoritaria.
Ojalá, aunque lo dudo, el debate sea cierto y no una más de las artimañas del fujimorismo para sacarle la vuelta al Perú.




