Carta 1038: Responsabilidad ambiental, un nuevo concepto por practicar (10/08/2026)

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Por Manuel Yóplac Acosta

¿Quiénes somos los humanos y cuál es nuestra posición en el planeta Tierra?

Quizá esta sea la pregunta de punto de partida para poder actuar en nuestro ambiente, el planeta Tierra. Es verdad que el antropocentrismo, es decir, concebir que el humano es el centro del planeta, ha conllevado a pensar y actuar como si todo cuanto existe, existe para el humano; es verdad también, que los deseos y necesidades humanas son infinitas, y -al ser infinitas- asumimos también que los recursos del planeta son infinitos, situación que ha conllevado a un desequilibrio ambiental.

No venimos al planeta Tierra, venimos del planeta Tierra. Somos un pedazo de tierra que piensa y siente, un ser senti-pensante hijo de la Madre Tierra; en consecuencia, el planeta no nos pertenece, nosotros pertenecemos a él.

Si nos preguntamos ¿qué función cumple el humano en el planeta Tierra? quizá nuestra respuesta sería la de desequilibrarlo. El humano es sin duda el ser vivo más depredador del planeta, es más, pareciera ser la única especie que destruye “inteligentemente” el medio donde vive. El actuar humano respecto al planeta Tierra que lo cobija, ha sido desde hace mucho, una relación de sometimiento y dominio, pero, ¿cómo la parte podría someter al todo? La ciencia y la técnica, al parecer, han hecho creer al humano que tiene la capacidad de transformarlo, -y puede que lo tenga-, sin embargo, en este proceso no se ha considerado el daño ambiental en este intento de sometimiento del planeta. Sin embargo, -de hecho-, este daño es más perjudicial para la propia especie humana que para el planeta. Suena arrogante creer que el humano domine o controle el planeta Tierra, pero es evidente, que el humano ha hecho mucho daño al planeta.

En consecuencia, y en este contexto, cabe la necesidad de pensar en una responsabilidad ambiental humana. La responsabilidad ambiental implica re-civilizarnos en base a re-pensarnos de quienes somos y cuál es nuestra función en el planeta Tierra. ¿Cómo debemos actuar?, ¿cuáles son esos límites de acción?, ¿qué hacer para remediar el daño?, ¿qué no debemos hacer para no hacer más daño?, son quizá algunas preguntas ligadas a la responsabilidad ambiental. Es evidente que nuestro modo de vida, la política y la economía predominantes están distantes de esta posibilidad necesaria de incorporar este concepto como algo nuevo, sin embargo, no está lejos esta posibilidad de incorporar en la cotianidad de la vida ciudadana, es decir, -creo- que es más posible la acción de la responsabilidad ambiental desde el ejercicio de nuestra libertad y consciencia individual, que, desde las instituciones, preocupadas casi siempre en crecer y hacerse más poderosas.

Finalmente, quizá la premisa sea: cambio para no cambiar la naturaleza. Los humanos tenemos que adecuarnos a la naturaleza, -somos creo-, como una gota de agua que debe seguir el curso del río. La red compleja de vida nos convoca a  darnos cuenta que el ser humano no es el centro de la vida sino que la vida es un todo que confluyen y fluyen muchos seres y sistemas, y allí se halla el equilibrio.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              

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