Por Manuel Yóplac Acosta
Cada 23 de setiembre se celebra el día de la Juventud, fecha que coincide con el inicio de la primavera. Metafóricamente se podría decir, que la juventud es el tiempo del florecimiento de la vida humana, como lo es la primavera el florecimiento del bosque. Es decir, tanto la juventud como la primavera son fragancia del fluir de la vida.
En las siguientes líneas procuraré expresar algunas ideas en torno a la juventud, pero quizá, no como simple periodo del ciclo vital humano, sino como esencia misma de la vida.
LA JUVENTUD NO ESTÁ EN LA EDAD sino en el espíritu de vida, pues, joven no es precisamente aquél humano que está pasando por los maravillosos 18 – 40 años de edad, sino que, joven es todo aquel que alberga en su espíritu la semilla de la esperanza. La edad solo puede diferenciar la juventud o vejez del cuerpo (y tampoco con certeza absoluta), pero la edad, difícilmente puede diferenciar el espíritu del alma; pues, hay también jóvenes vienes y viejos jóvenes. Así, la juventud no es un periodo o etapa de la vida, sino, la juventud es un estado de consciencia para vivir y para hacer florecer la vida. Ser joven es soñar en utopías posibles.
LA JUVENTUD ES PRESENTE, pues, al no existir el pasado ni el futuro, sino la confluencia del pasado y el futuro en el ahora, el presente se constituye en el hoy eterno; pero, la juventud no ignora la memoria del pasado, tampoco vive esperando inerte el futuro, sino que día a día va forjando la esperanza, -vive la esperanza- razón por la cual, la esperanza no es una utopía inalcanzable, sino un presente continuo en movimiento; una utopía que se construye. José Carlos Mariátegui, decía que «la juventud no es la esperanza del mañana, es la acción de hoy o no es nada», así, la juventud se constituye en presente al soñar, trabajar activa y comprometidamente hoy, el futuro llega solo.
LA JUVENTUD ES LIBERTARIA, pues, la esperanza solo puede ser vivida y forjada desde la libertad, jamás desde la esclavitud. La libertad crea las alas para volar, pero también, crea los límites de ese vuelo. La libertad juvenil no se amilana con el miedo -menos con la amenaza-. Así, la libertad no se presenta como un libre albedrío (libertinaje) sino como una condición intrínseca aliada de la esperanza (liberación); entonces, el límite no es Uno, el límite son Todos. Mi libertad no se acaba en tu libertad, sino, que mi libertad se confluye en la tuya para hacer una nueva libertad esperanzadora.
LA JUVENTUD ES CREADORA, pues, la creación es la mayor fuerza que conduce hacia la esperanza. La juventud es sinónimo de creación, es su condición fundamental para hacer de las utopías lejanas una realidad presente. Así, la creación es fruto de la libertad presente para hacer vivir la esperanza. La creación es la mayor expresión de la vida, es la energía que mueve y vitaliza. Ser joven es crear, porque crear es hacer nacer algo nuevo, en este sentido, la juventud que no crea es una anomalía; la juventud que no crea es una muerte anticipada.
En consecuencia, la juventud es sinónimo de: espíritu de vida plena; es presente activo; es libertad liberadora; es creación creadora; por ello: loa a la juventud esperanzadora, loa a la fragancia de la juventud que hace florecer la vida para la vida. La juventud son las flores del bosque. La juventud es la chispa de luz que no se apaga.




