05/07/20 – 20:27
Luis Alberto Arista Montoya*
Se iniciÍ la nueva fase de cuarentena focalizada con claras reglas de ¿convivencia? con el virus: Yo me lavo las manos, yo uso mascarilla, yo mantengo mÍ distancia, yo cuido a los niÍos y adultos mayores, y yo respeto el toque de queda y protocolos (la circulaciÍn se permitirÍ de 4 am a 10 pm de lunes a domingo); excepto en 7 regiones que son: Arequipa, San MartÍn, HuÍnuco, Madre de Dios, Ancash, Ica y JunÍn, que son las que presentan mayor peligro de contagio y muerte. Felizmente, nuestra regiÍn Amazonas, no figura en esta lista negra, pero no hay que confiarse y nada de celebrar.
¿Me cuido, luego existo? es el apotegma; y, si existo sano, puedo cuidar de los demÍs, siempre y cuando Ístos tambiÍn sepan cuidarse, de esa manera mutuamente salvaremos nuestra circunstancia histÍrica. El ¿Yo me Cuido? depende de la libertad y voluntad de mÍ cuerpo. De nadie mÍs. Nuestro cuerpo es el protagonista.
Para la filosofÍa antropolÍgica la verdad es el cuerpo. Para los griegos el cuerpo era el cautiverio del logos (de la RazÍn) que indaga sobre los primeros principios y las primeras causas. La filosofÍa medieval lo puso entre parÍntesis, solo el alma merecÍa ser estudiada, pues el cuerpo era un ente proclive al pecado.
Los filÍsofos racionalistas y empiristas del Siglo XVIII (entre los que se encuentra el chachapoyano Toribio RodrÍguez Collantes), lo consideraron como ¿sustancia extensa? (soma=cuerpo) y ¿sustancia pensante? (ser racional). Hoy el mÍdico-filÍsofo espaÍol Pedro Lain Entralgo, en su voluminoso libro El Cuerpo Humano, TeorÍa Actual (publicado por la Editorial Espasa Calpe. S.A., 1988; aÍo en que este escribidor tuvo la suerte de ser su alumno en la Universidad Complutense de Madrid), plantea tres dimensiones del cuerpo: como realidad fÍsica (soma); como fenÍmeno (según la experiencia que tiene cada hombre de su cuerpo y del cuerpo ajeno); y como misterio que la BiologÍa investiga desde su apariciÍn en el cosmos.
Las tres dimensiones se sintetizan en la idea del cuerpo como paradigma de la exterioridad, aprehendido por la mirada del prÍjimo, que a su vez tambiÍn es un cuerpo mirado por mÍ. Pero actualmente el gran problema estÍ que en pequeÍas, medianas y grandes aglomeraciones sociales mi mirada y la mirada de los otros resultan ser miradas de cuerpos sospechosos por el miedo a ser contagiado a causa del Covid-19, un virus de ¿cuerpo? misterioso. ¿QuÍ hacer, entonces? Solo cuidarse, respetando las normas epidemiolÍgicas recomendadas. Sin olvidar el apotegma: ¿me cuido luego existo?.
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*EDITORIAL: Para Radio Reina de la Selva. Lima 5 de julio de 2020. Luis Alberto Arista Montoya.




