22/06/17 – 04:49
Luis Arista Montoya*.
Las siguientes notas estÍn motivadas por la denuncia a la gran estafa empresarial de la producciÍn de un tipo de ¿leche en tarro? que no contiene leche de vaca; que mÍs bien se trata de la producciÍn- para el consumo sobre todo de los niÍos pobres desnutridos del Perú – de un simple alimento lÍcteo elaborado con leche en polvo, que lleva en la etiqueta una vaquita como adorno, para, cÍnicamente, hacerla mÍs creÍble, mÍs atractiva.
Empresarios coludidos con autoridades corruptas de sanidad, y de fiscalizaciÍn (como INDECOPI, por ejemplo) han venido engaÍando sistemÍticamente a los consumidores mediante una publicidad engaÍosa. Pero no solo han engaÍado al consumidor poco(o nada) instruido, sino tambiÍn al consumidor instruido, educado. Ambos han caÍdo como incautos bebedores de leche ¿pura?. Son vÍctimas del simulacro, del cinismo de la acciÍn empresarial que todo lo ve ganancia, a como de lugar.
Al respecto gloso algunas ideas de mi libro titulado El Consumidor Ilustrado (escrito en 2010, en espera de ser publicado), que me parecen pertinentes en la actual coyuntura.
Veamos. Debido al crecimiento de los niveles de consumo de bienes, servicios y de tiempo (que tiene que ver con la atenciÍn esmerada al cliente o usuario), en el mercado peruano, se han producido una serie de distorsiones en desmedro de los derechos del consumidor.
El Estado aprobÍ no hace mucho un CÍdigo del Consumo para salvaguardar la salud y la economÍa domÍstica mediante un consumo digno; porque muchas veces “debido a la visiÍn rentista“ los productores, vendedores, comerciantes, publicistas, y los bancos tienden a engatusar y abusar de los clientes.
Muchas veces la gente no sabe consumir, ni sabemos lo que consumimos: consumimos por consumir; se compra lo que la inescrupulosa publicidad sugiere. No estamos bien informados, no leemos la etiqueta de los productos, o nos interesa poco las normas de regulaciÍn (normas dispersas y ambiguas, dicho sea de paso).
Las ventas agresivas apabullan diariamente con publicidad engaÍosa; la publicidad invasiva es de toda laya y a toda hora; la vulneraciÍn de derechos (y deberes) del consumidor; la necesidad de una regulaciÍn sistemÍtica de un amplio abanico de clÍusulas abusivas ( que ponen al borde de juicios de incautaciÍn de bienes a clientes morosos); la proliferaciÍn de tarjetas electrÍnicas que posibilitan abusos en los crÍditos e intereses; y la importancia de implementar un sistema moderno de arbitraje entre empresas/consumidores, conlleva ir hacia la revisiÍn necesaria y perentoria de un CÍdigo orgÍnico, claro y conciso, con una buena reglamentaciÍn.
MÍs allÍ de esta juridificaciÍn de la acciÍn de consumir, nos interesa destacar la necesidad de una Ítica para el consumo. La sociedad peruana no es una sociedad de consumo porque no es una ¿sociedad opulenta?; tampoco marcha hacia ella, porque sus niveles de pobreza y empobrecimiento son todavÍa muy altos. Sin embargo, es necesario construir un pacto Ítico de todos los agentes del mercado, porque el cliente, el consumidor, el usuario es ante todo un ciudadano con derechos naturales y constitucionales. Y como existe desigualdad social tambiÍn hay pautas de consumo desiguales, aunque el mercadeo de la moda (marcas) tienda a homogenizar los distintos estilos de vida, no importa falseando marcas, o a costa de pagos a plazo leoninos.
Es necesario que el consumidor estÍ siempre alerta. DotÍndole de una ¿Ítica de las capacidades? (Amartya, Sen), que le ha de permitir consumir libre y responsablemente, para no dejarse manipular. Se trata de empoderar al consumidor (desde niÍo) a travÍs de la educaciÍn e instrucciÍn; para que se le respete dentro de esta era de la informaciÍn y del consumo. Para que tenga la capacidad de distinguir entre ¿ir de compras? (por placer) e ¿ir a comprar? (por necesidad vital).
AsÍ como hay una renta bÍsica tambiÍn debe existir un consumo bÍsico, es decir, consumir moderadamente, evitando el consumo compulsivo y despilfarrador; evitando el consumo imposible (carencial) o el intermitente (por contagio de los otros). Se trata consumir con sumo cuidado.
Para lograr eso el consumidor tiene que ser un hombre educado, un ciudadano capaz de hacer respetar sus derechos. Un consumidor ilustrado es aquella persona que vive equilibrando cuatro capacidades: las corporales, las mentales, las sociales y las propias de su singularidad individual. Sabiendo que en el mundo existen tanto los que consumen mÍs de lo que necesitan, como los que necesitan mÍs de lo que consumen. Vieja dicotomÍa entre ricos/pobres; entre bienestar/malestar; entre incluidos/excluidos. Entre el ser /y la nada existencial, al fin y al cabo.
*EDITORIAL para Radio Reina de la Selva. Lima 21 de junio de 2010. Luis Arista Montoya.




