29/09/22 – 04:39
Luis Alberto Arista Montoya*
Según los sondeos de opiniÍn pública del IEP el 68% de la poblaciÍn peruana no se siente representada por nadie, y una quinta parte no opina/no sabe. Y por el lado de los polÍticos que dicen representarnos(o lo quieren hacer, a toda costa, en la prÍxima elecciÍn regional/municipal), lo único que les interesa es representarse asÍ mismo(o a su agrupaciÍn o grupete), bajo una mÍscara de ¿buena gente?, aunque la mascarilla Covid los ayuda bastante. Buscan solamente nuestro voto para llegar a ostentar (no ejercer) el cargo. Al fin y al cabo, la democracia como sistema es la que queda mal representada.
Desde el aÍo dos mil esta situaciÍn se ha agravado en el Perú, a causa de la falta de educaciÍn cÍvica del ciudadano, por la corrupciÍn de las costumbres, y debido a la enfermedad paralÍtica (casi terminal) de los partidos polÍticos. Estamos ante una crisis de representaciÍn entre los polÍticos, tanto como de los electores peruanos. Ambos la padecen porque los dos la ha generado: ni los polÍticos ni los votantes podemos lavarnos las manos, menos la cara
Los actuales polÍticos que estÍn en el poder SÍ nos representan: porque los hemos elegido a tontas y locas, libremente. Nos los merecemos. Esto significa que elegimos mal voluntariamente, porque caemos en el engaÍo de las fÍciles y floridas promesas de ciertos candidatos que llevan bien puesta su mÍscara de representatividad. Nos encandilan. Entonces, caemos en el juego de mascaradas donde los pillos y bribones triunfan. Este fenÍmeno es propio de la ¿democracia morbosa?, como dijera JosÍ Ortega y Gasset.
El analista Mirko Lauer en su columna ¿Opacos espejos? (publicada el dÍa de ayer 28 de setiembre en el diario La República), invita a estudiar con atenciÍn el concepto de ¿crisis de representaciÍn?. Pero esta toma de voluntad de representatividad (que se supone es voluntaria y libre) no es tan solo un acciÍn cerebral (racional) del ser humano. Es ante todo un sentimiento. Mirko Lauer escribe al respecto, y lo cito: Se descubre que el sentimiento de representaciÍn frente a los polÍticos hoy no es particularmente intenso (aquÍ HOY es palabra clave). Empieza con el 6% de Pedro Castillo y el 4% de Antauro Humala, y de allÍ se va bajando hasta el 1%. Castillo acapara publicidad y Humala estÍ de moda por un momento. El problema de baja representaciÍn que se revela aquÍ tiene que ver con la percepciÍn y evaluaciÍn pública de las conductas de los polÍticos y la fragilidad de los partidos democrÍticos.
Entonces los polÍticos (y ciertos ¿politÍlogos?) que atacan a la idea de representaciÍn proponen como salida posiciones radicales: populistas, autoritarias o anarquistas para sembrar el caos y demostrar con ello que el Estado democrÍtico burguÍs es obsoleto, y que debe ser refundado (mediante una mÍgica nueva ConstituciÍn). Una de las tÍcticas de esta perversa teorÍa del caos es nombrando a gente indeseable como funcionarios en puestos claves, tal cual estÍ haciendo la des-administraciÍn de Castillo. ¿Los ataques a la idea de representatividad no demoran en convertirse en ataques a la democracia como sistema?, dice Lauer, concuerdo con Íl. AhÍ estÍ el peligro del futuro de la democracia, ademÍs de la apatÍa galopante del electorado que no cree en nadie.
Tengo la impresiÍn que tanto los ciudadanos como los polÍticos carecen de una voluntad de representaciÍn, la misma que tiene tres niveles: voluntad de los ciudadanos para equivocarse lo menos posible en el momento de elegir; voluntad de los candidatos para prometer mÍnimamente lo viable con miras a defender los intereses ciudadanos desde su cargo público. La armÍnica confluencia de estos dos niveles de ¿voluntad de representaciÍn?, convertirÍn al Perú en una parte democrÍtica del mundo como voluntad de representaciÍn. Voluntad que implica voluntad de poder y voluntad de imaginar un autÍntico desarrollo del paÍs, de nuestra regiÍn, provincia y distrito¦Esperemos que en octubre se produzca un milagro cÍvico.
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*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 29 de setiembre de 2022. Luis Alberto Arista Montoya.




