LA CULTURA DE CONFIANZA

Facebook
LinkedIn
WhatsApp
X
Telegram


25/10/21 – 04:06

Luis Alberto Arista Montoya*

Dedicatoria: En memoria del  ejemplar maestro y amigo chachapoyano don NapoleÍn torrejÍn.
                La virtud de la confianza es un constructo cultural. Pertenece a la Ética: su alcance se da  a nivel de la vida individual como en la vida colectiva. Este interesante concepto  ha sido   percudido por su continuo  uso/abuso polÍtico, econÍmico, comercial, jurÍdico. En casi todas las cartas constitucionales es concepto clave para el funcionamiento de  un Estado Constitucional  de Derecho Social. 
La cultura de  confianza es precaria en el Perú actual, en estos  tiempos de pandemia esta precariedad se ha evidenciado aún mÍs: existe una  desconfianza  casi generalizada de todos los peruanos ante todos y todo el tiempo, debido al miedo a ser contagiados, de estar asediados por la muerte, y debido a la ¿pandemia? del mal ejercicio de la polÍtica.
El nuevo gabinete ministerial deberÍ concurrir al congreso a solicitar el voto de confianza para que sus planes y programas sean aprobados. Desde el Ejecutivo esgrimen plantear una cuestiÍn de confianza si dos gabinetes seguidos son censurados, o si no se le otorga facultades extraordinarias para gobernar mediante Decretos Supremos.
Los dueÍos de empresas buscan  confianza para invertir o reinvertir. Los comerciantes esperan que el paÍs se estabilice polÍticamente  para que los consumidores tengan la suficiente confianza en comprar, para que el dÍlar y los precios de los alimentos dejen  el sube/baja. Los ciudadanos confÍan que haya trabajo porque el desempleo galopa. Una  mayorÍa de encuestados (el 57%) en la última mediciÍn  de Ipsos considera que el gobierno se  debe enfocar en reactivar econÍmicamente el paÍs y generar empleo   Todos, todos- menos los antivacunas – confÍan que toda la poblaciÍn peruana estÍ vacunada para vivir tranquilos y nuestras relaciones sociales sean confiables (el 38% de los encuestados confÍa y pide mejorar los servicios de salud/avanzar con la vacunaciÍn); los padres y alumnos confÍan que las clases presenciales retornen (30% solicita mejorar los servicios de educaciÍn/retornar a clases presenciales); la sociedad peruana va perdiendo confianza en la policÍa en su lucha contra la delincuencia (35% de los encuestados confÍa que debe ser prioritario combatir la delincuencia /el crimen/el narcotrÍfico).
El cambio de la ConstituciÍn solo es importante solo para el 10 % de los peruanos. Mientras tanto,  el presidente  parece no confiar ni en su sombra (solo confÍa en su sombrero, solo se lo saca para dormir o para asistir a misa, como lo hizo en honor al SeÍor de los Milagros); su gestiÍn presidencial, según la antedicha encuesta de Ipsos, en octubre fue aprobada por un 42%, desaprobada por un 48%, mientras que un 10 % no precisa. BÍsicamente porque no estÍ preparado para gobernar, por no contar con un partido polÍtico orgÍnico, por lo que no cuenta con  la plena confianza del ¿pueblo? (mejor dicho, de la sociedad peruana). Peor aún: parece no confiar ni en sÍ mismo, ni en su entorno, estÍ aturdido; sin embargo, nombra en cargos claves  a  ciertos personajes desconfiables, impresentables. Algo paradÍjico.
El diccionario define a la  confianza como la esperanza firme que se tiene de alguien o  algo; seguridad que alguien tiene en sÍ mismo. En todo caso,  la actual situaciÍn peruana se caracteriza por la desconfianza extendida en todos los niveles y actores. Estamos viviendo una crisis generalizada de desconfianza, una crisis de incredulidad: impera la sospecha, la duda, el cinismo, empeorados ahora con el mal uso de las redes sociales.
 Creo, es posible que el bajo nivel de confianza social pudimos haberlo heredado desde la Ípoca colonial, desde el momento en que Atahualpa en la plaza de Cajamarca fue ¿madrugado? por los espaÍoles, y traicionado por las huestes de su hermano HuÍscar y otras etnias rebeldes. A su turno   HuÍscar  fue traicionado por su mismo hermano Atahualpa en disputa por la ciudad de  Cuzco, capital del imperio  Tawantinsuyu. El caudillismo y el faccionalismo republicano cimentaron aún mÍs esta desconfianza, hasta nuestros dÍas. 
El valor Ítico de la cultura de confianza debe ser  instaurado (o reinstaurado). Teniendo en cuenta que la  democracia depende del crecimiento econÍmico, y Íste del grado de confianza de los diversos actores ligados.
¿El capital social es la capacidad que nace a partir del predomino de la confianza, en una sociedad o en determinados sectores de Ísta?, dice el economista Francis Fukuyama en su famoso libro Confianza (Trust) La situaciÍn del hombre  en el fin de la historia (publicado en 1996). En esa lÍnea, Jacqueline Saetone, en su artÍculo (publicado en El Comercio, 3 de julio de 2009) menciona que según el escritor Stephen Covey existen cinco tipos de confianza:
1.- La confianza en uno mismo: en nuestras capacidades, habilidades aptitudes y actitudes para alcanzar logros, cumplir promesas, de practicar lo que predicamos y de inspirar confianza hacia los demÍs.
2.- Confianza en los demÍs: Se trata de establecer relaciones de confianza con los demÍs (respetando  leyes y normas del Estado de Derecho), siendo la clave comportarnos consistentemente: evitando hipocresÍas, simulaciones o disimulos.
3.- La confianza en el mercado: siendo el nivel en el que casi todos comprenden  el impacto de la confianza, porque tiene que ver con la confianza en la calidad de los productos. Tanto en el mercado de bienes como en el mercado de ideas
4.- Confianza en las marcas empresariales: porque refleja la confianza de quienes interactúan en el mercado que son los financistas, productores, comerciantes y consumidores. La lealtad del consumidor por una buena marca es importante.
5.- El quinto tipo de confianza es la confianza social, a travÍs de la cual se crea la confianza  hacia los otros, hacia las autoridades, y hacia la sociedad en su conjunto.
Tal vez habrÍa que agregar, bajo la coyuntura actual, un sexto tipo: la confianza polÍtica: es decir, confiar en los polÍticos que dicen representarnos, y en las instituciones oficiales de servicio público. Este tipo de confianza es escaso y dÍbil. Los polÍticos tienen poca credibilidad. Y el manejo del Estado sigue siendo empÍrico, estÍ en mano de facciones, de cúpulas y no de Ílites dirigentes. 
Estos tipos de confianza tienen que ver con la Ítica de las personas. Es por eso que sostenemos que la Confianza es un constructo cultural Ítico, que se sustenta en la Ítica del ejemplo familiar y escolar, en la Ítica de la autÍntica amistad, y en el ejemplo de toda aquella persona que ejerce un buen liderazgo. La cultura de Confianza hace mÍs competitiva a una persona y a una sociedad. 
Confiabilidad/Competitividad son como dos quebradas hidrogrÍficas que confluyen en un  caudaloso rÍo que nutre un amplÍsimo territorio favorable al bien estar y del Bien Común.
____    EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 20 de setiembre de 2021. Luis Alberto Arista Montoya.

Artículos relacionados: