16/11/20 – 06:27
Luis Alberto Arista Montoya*
En los aÍos de la dÍcada del 60 del siglo pasado el popular diario Ultima Hora- periÍdico donde iniciÍ su trayectoria periodÍstica CÍsar Hildebrandt- usaba irÍnicamente la jerga popular en sus titulares: solÍa usar, por ejemplo, la palabra cacos para referirse a ladrones que asaltaban casas, tiendas o bancos. ¿Grupo de cacos roban mucha guita en centro de Lima?, recuerdo que rezaba uno de esos titulares.
Según el Diccionario de Lengua EspaÍola caco es el ladrÍn que roba con destreza. Sabe robar. Pero tarde o temprano cae, por lo que debe ser juzgado y condenado sin miramiento alguno.
Hace poco en una conferencia que impartiÍ en Lima el filÍsofo peruano Edgar Montiel (que reside en ParÍs), abrumado por los hechos de corrupciÍn de polÍticos y empresarios, reutilizÍ esta palabra diciendo que en el Perú ¿gobierna? una especie de cacocracia que se adueÍado del poder polÍtico a nivel central, regional y local. Los cacos al poder, pareciera ser una plural consigna desde los aÍos 90.
Y al extenderse ese maligno poder mediante la metÍstasis de la corrupciÍn estÍ deviniendo, desgraciadamente, en un estilo de vida para muchos integrantes de la llamada ¿clase dirigente?, tal como estÍ sucediendo en estos tiempos de pandemia COVID-19. Incluso los supuestos moralizadores han creado sus descaradas formas de cacocracia. Entonces, los electores caen en apatÍa y desconfianza, poniendo en peligro las virtudes de la democracia republicana.
¿QuÍ hacer? No sabemos. Ahorita no hay vacuna ni para el virus Covid-19 ni para el virus CorrupuciÍn-20. Esto va a seguir, a proseguir.
Mientras tanto para los atribulados peruanos creo que los ensayos morales del filÍsofo francÍs Miguel de Montaigne(1533-1592) nos pueden servir de cartografÍa para guiarnos a favor de la educaciÍn ciudadana, la formaciÍn Ítica de los hijos, la moderaciÍn (polÍtica), el arrepentimiento, contra la corrupciÍn y el impero de la mentira.
Para Montaigne el mentir y el corromper van de la mano. La corrupciÍn que ensuciÍ a la sociedad francesa en el siglo XVI, asÍ como a la actual sociedad en pandemia e casi todo del mundo es un fenÍmeno humano demasiado humano. Es una suciedad prÍctica que soluciona trÍmites expeditivamente, extendiÍndose cada vez mÍs desde el poder central hacia el tejido de la sociedad. Corromperse y corromper se estÍ volviendo una costumbre. Una costumbre que va corrompiendo a las costumbres del buen vivir y del bien estar. AhÍ estriba su peligro moral. Nos estamos acostumbrando. Es contagioso ese sida social. Humilde elector mantÍn tu distanciamiento social. Usa una mascarilla Íticamente confeccionada. No te equivoques al momento de elegir a tus representantes. Piensa, consulta, reflexiona, averigua antes de depositar tu voto.
Los ensayos morales de Montaigne nos pueden ayudar para elaborar una sociologÍa de la corrupciÍn como crÍtica a esa suciedad prÍctica. Pues asÍ ¿como las almas viciosas son frecuentemente incitadas al bien obrar mediante algún extraÍo impulso, asÍ acontece a las virtuosas en la prÍctica del mal?. El instinto corruptÍgeno es una ¿inclinaciÍn natural? que apenas se modifica ni se vence con el concurso de la educaciÍn.
¿CuÍl es el primer sÍntoma en la corrupciÍn de las costumbres? En sus ensayos ¿De los mentirosos y ¿El desmentir? Montaigne nos proporciona una clave: La mentira es el núcleo de toda acciÍn corrupta. ¿Pero a quiÍn otorgaremos crÍdito, hablando de sÍ mismo, en una Ípoca tan estropeada como la nuestra, en atenciÍn que hay pocos o ningunos a quienes hablando de los demÍs, en lo que hay menos interÍs de mentir, podamos dar fe?, se pregunta. Y en seguida responde: ¿El signo primero en la corrupciÍn de las costumbres es el destierro de la verdad, pues como decÍa PÍndaro el ser verÍdico es el comienzo de toda virtud y la primera condiciÍn que PlatÍn exige al gobernador de su república?. Es a la verdad la mentira un vicio maldito. No somos hombres ni estamos ligados los unos a los otros mÍs que por la palabra (acciÍn comunicativa). La mentira sola, y algo menos la testarudez, parÍceme- dice finalmente- ser las faltas que debieran a todo trance combatirse: ambas crecen con ellos, y desde que la lengua tomÍ esa falsa direcciÍn, es peregrino el trabajo que cuesta y lo que es imposible llevarla a buen camino; por donde acontece que comúnmente vemos mentir a personas que por otros respectos son excelentes, los cuales no tienen inconveniente en incurrir en este vicio. Pues la verdad tiene una sola cara, mientras que la otra cara, la mentira, ¿reviste cien mil figuras y se extiende por un campo indefinido, infinito, incierto?.
Montaigne fue un filÍsofo de consumaciÍn y apertura: pues en su obra se consuma el humanismo procedente del Renacimiento italiano y, al mismo tiempo, inaugura (junto al inglÍs Francis Bacon) el pensamiento filosÍfico moderno. Dos filÍsofos europeos que influyeron en la formaciÍn intelectual del filÍsofo chachapoyano Toribio RodrÍguez de Mendoza, cuya dimensiÍn republicana y Ítica debe ser un recado permanente para nosotros de cara al Bicentenario. MÍs allÍ de ¿la exhibiciÍn de polÍticos hipÍcritas y traidores, de sufridos inocentes, de la eterna capacidad humana para corromper y para recibir la corrupciÍn, mientras quien de veras cosecha los frutos de todo es la muerte?, como bien dice en sus Memorias (p.539) el gran historiador de la Ípoca republicana don Jorge Basadre.
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EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 11 de noviembre de 2020. Luis Alberto Arista Montoya.




