Presidentes pelotudos, no corruptos

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15/02/17 – 05:04

«Nuestros últimos presidentes, nuestros grandes hombres de la polí­tica son un poco tontos nomás».

Por: Ví­ctor Vich

Comencemos por Fujimori: no fue un corrupto, él no sabí­a nada de lo que hací­a Montesinos. Es verdad que nunca lo supo. Keiko lo ha demostrado bien, pues ella tampoco sabí­a nada de Joaquí­n Ramí­rez. Fuijimori es un hombre honesto. Su risa es nerviosa, no cí­nica. ¿El grupo Colina? ¿Qué fue eso?, pregunta todaví­a. ¿Las esterilizaciones? ¿la salita del SIN? Fujimori nunca supo nada.

Toledo tampoco sabí­a nada. De Zaraí­ nunca supo. ¿La interoceánica?, pregúntenle a Maiman, nos dice ahora. ¿Mis compras? Esas compras fueron hechas por mi suegra, una pobre ví­ctima del holocausto. Todo, para él, es una persecución polí­tica porque él no sabí­a nada. Sigamos: ¿Alguien puede creer que Alan es corrupto? No, por favor; Alan es un ferviente creyente de Dios, un notable escritor que publica versos patrióticos en El Dominical de El Comercio. Es un hombre honorable que tampoco sabí­a nada de Mantilla, de los Petro-audios o de Chinguel. Cuando se puso la camiseta de Odebrecht (hay foto), estaba convencido de la honestidad de una empresa que habí­a donado, nada menos, un Cristo pirata para la ciudad. Alan es solo un tonto, nunca un corrupto.

Ollanta tampoco sabí­a de Belaunde Lossio ni de los orí­genes del dinero para el Partido Nacionalista. El trabajaba mucho y salí­a a hacer deporte por las mañanas. Castañeda tampoco sabí­a nada de lo de Comunicore y además estaba de viaje cuando se produjo el cambiazo?. Me apena preguntar esto: ¿Supo Susana con quien se metí­a? ¿Fue Odebrecht su única alternativa? O también: ¿intuyeron los periodistas de IPYS la naturaleza de Odrebetch? No, no intuyeron; también dicen que no sabí­an.

Por su parte, Cipriani dice que tampoco sabí­a nada del Sodalitium. Sin las denuncias existentes, sin el importante libro, todo pasaba iba a pasar piola en el Perú. Al cardenal no le gustan los escándalos. Pero paremos ahí­: estamos ante un representante de Dios en la tierra. El tampoco sabí­a que plagiar textos era un delito. Su alma es transparente como el agua (pero la de julio, luego de los huaycos). Es muy curioso, pero notemos, además, que todos los personajes públicos que abrieron empresas off shore en Panamá (mejor no los nombro) tampoco sabí­an que las tení­an y aseguran que no sabí­an que serví­an para evadir impuestos. Entonces, confiemos en ellos y solo censuremos a sus administradores.

El propio Kuczynski fue igualmente engañado por su asesor Carlos Moreno. El solo siguió la recomendación de Lourdes Flores y de Alan Garcí­a que lo habí­a recomendado en su mitin, pero sin saber nada. La prueba fehaciente es que Kuczynski pensaba que Moreno no era un empelado público. Asu. Más aún, Kuczynski tampoco sabí­a bien quién era Roberto Vieira ni mucho menos Moisés Guí­a. Es un presidente inocente: él no los puso en la lista congresal. La culpa solo la tiene Gilbert Violeta, aunque es probable que él tampoco haya sabido nada.

En resumen: nuestros últimos presidentes, nuestros grandes hombres de la polí­tica, no son corruptos. Simplemente son pelotudos, son un poco tontos nomás. Todos ellos andan tan comprometidos con su trabajo, con su amor al Perú, que terminan por perder de vista lo que realmente ocurre a sus costados. Fujimori fue una ví­ctima de Montesinos; Toledo una ví­ctima de la cacerí­a de brujas, Alan, una ví­ctima de las ratas (así­ las llama) y Ollanta, una ví­ctima del complot. Hoy todos parecen ví­ctimas del capitalismo global y todos dicen que no imaginaban, que no sabí­an, de su lado oscuro: todos ellos afirman saber muy poco de adendas y menos de lobbys a gran escala.

Dejemos de pensar tonterí­as y, como dijo nuestro actual presidente, pasemos la página?: todos son hombres comprometidos: ni deshonestos ni corruptos. Solamente debemos descalificarlos por ingenuos, por cándidos, por ser tan caí­dos del palto?. No los acusemos más; es suficiente descalificarlos por incapaces. No niego que en polí­tica puedan existir errores y traiciones, pero en el Perú esto parece haberse convertido en una constante, en un patrón que hay que neutralizar. Es necesario saber; es responsable saber. El argumento es entonces simple: un buen lí­der no se deja engañar; un presidente que no sabe con quién se mete demuestra entonces ser un mal presidente. Bastarí­a con eso para atrevernos a corregir a Platón y expulsarlos, a ellos, de la República. Digamos, por el momento, que solo son incapaces -pobrecitos- incapaces, nada más.
(JDR)

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