12/10/20 – 17:10
Luis Alberto Arista Montoya*
La imagen del jabÍn para el aseo diario de nuestro cuerpo y su vestimenta estÍ expresada en el habla popular peruana. AsÍ se dice, por ejemplo: ¿en la casa del jabonero el que no cae resbala?, ¿suave camay compadre? (para advertir algo a alguien con suavidad y cuidado, repitiendo un antiguo comercial del aromÍtico jabÍn de tocador ¿camay?), ¿los trapos sucios se lavan en casa?, ¿cuidado hay ropa tendida?, o ¿al chotano ni la mano?. Luis Alberto SÍnchez solÍa decir que ¿la muerte es el gran jabÍn de la vida?, pues lava la mugrienta vida de casi todos los difuntos, pues nadie habla mal de un muerto, casi todos han sido bondadosos o ejemplares, como se puede leer en los obituarios, escuchar en discursos de sepelio, o en las esquelas de misas de aÍo.
En estos siete meses de pandemia el lavado constante de manos con jabÍn es la recomendaciÍn número uno del Comando-Covid, junto al uso correcto de la mascarilla y el distanciamiento social (la misma que, desgraciadamente, ha ensanchando aún mÍs la brecha de desconfianza entre peruanos). En lÍquido o en barra el jabÍn ha devenido ahora (quizÍ para siempre) en artÍculo de primera necesidad (para aquellos que tienen recursos para adquirirlo, por supuesto) porque son nuestras manos las partes mÍs sucias de nuestro cuerpo: tocamos (y toqueteamos) objetos y cuerpos de diversos niveles de suciedad, como el dinero, las llaves, los telÍfonos, celulares, el teclado de la computadora, al estrechar la mano muy seguido, cuando hurgamos nuestra nariz u oÍdos, al contar los billetes (si es que tienes) mojÍndote los dedos, y un largo etecÍtera. Peor aún si metes las manos en lo ajeno (manos corruptas = manos sucias), para lo cual no existe ningún jabÍn desinfectante, ni la muerte. Solo el asco y el desprecio.
Todo lo que hacemos o deshacemos manualmente es gracias a nuestros músculos y manos: hemos puesto entre parÍntesis nuestro narcisista orgullo de homo sapiens (hombre que creÍa saber de todo) para retornar a la situaciÍn de homo faber (hombre que hace o fabrica con las manos ensuciÍndolas) ¡Palmas para Íl! De pronto en casa – mÍs allÍ o mÍs acÍ del teletrabajo – casi todos nos hemos vuelto trabajadores manuales e intelectuales.
Pero para el aseo de nuestras ensuciadas manos estÍ el humilde jabÍn, en cambio, para el aseo de nuestros contaminados cerebros no existe ningún desinfectante o shampoo con acondicionador penetrante (salvo la cultura, educaciÍn y la lÍgica del sentido común), es por eso que mucha gente no respeta las normas sanitarias, viola voluntariamente la ley. Mientras tanto el cambio de costumbres para vivir una nueva normalidad serÍ dificultoso porque va implicar un profundo cambio de mentalidad, y eso llevarÍ dÍcadas.
Por otro lado ¿cÍmo saber si la gente peruana efectivamente estÍ lavÍndose las manos? Explicar sociolÍgicamente esta variable indirecta nos puede conducir a descubrir las causas del aumento de infectados y contagiados. Pero ¿cÍmo saberlo? AdemÍs, millones no tienen agua en casa, menos jabÍn porque el pequeÍo dinerito de sobrevivencia que tiene la gente lo utiliza para comer alguito. Es terrible y horrible vivir pensando solo en el tiempo corto (¿tendrÍ quÍ comer maÍana?). La geografÍa de la pobreza en el Perú abarca, en estos tiempos de pandemia, cerca del 60% de nuestro territorio.
EstÍbamos pensando sobre esta trÍgica realidad cuando escuchamos al exministro de salud de la segunda administraciÍn del presidente Fernando Belaúnde, el Dr. Uriel GarcÍa, Maestro e Investigador que el aÍo 1991 promocionÍ el consumo de las llamadas ¿bolsitas salvadoras? para rehidratar a los infectados con la peste del cÍlera, logrando su objetivo cientÍfico. Hace algunos dÍas – pese a sus 91 aÍos de edad- en una inusitada entrevista Uriel GarcÍa planteÍ una hipÍtesis plausible: ¿Recabar de los centros comerciales y bodegas la cantidad de jabones vendidos para tener una media de cÍlculo para saber cuÍnta gente urbana y rural ha comprado para usarlo en lo que va la pandemia?. Es una hipÍtesis plausible porque es demostrable, pues el Instituto Nacional de EstadÍstica e InformÍtica a travÍs de los mecanismos de la encuesta de consumo de los hogares debe ser el llamado a proporcionar esta valiosa informaciÍn para que el Comando-Covid reoriente sus acciones para evitar una nueva ola de contagios, hospitalizaciones y muertes. Teniendo en cuenta que la bendita vacuna tardarÍ aún mÍs para llegar. Intuimos que la de Astra-ZÍneka de la Universidad de Oxford serÍ la primera y la mÍs segura para toda la humanidad. Pero no la esperemos con los brazos cruzados, con balsÍmicas conferencias de prensa. Hay que informar bien a la gente y acondicionar tÍcnicamente todos los centros de vacunaciÍn. La Fe en la RazÍn CientÍfica es tan trascendente como la RazÍn en la Fe Religiosa (fe en Dios, en todos los santos, y en el alma de todas las personas buenas que moran en la Ciudad Divina).
Por último, en un prÍximo artÍculo hablaremos sobre la hermosa poesÍa ¿Oda al JabÍn?, escrita por Pablo Neruda, poeta chileno galardonado con el Premio Nobel de Literatura 1971, como una forma de reconocimiento al humilde jabÍn que nos ayuda tanto en el cuidado de nuestro cuerpo en estos tiempos de penuria, duelo y muerte.
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EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 12 de octubre de 2020. Luis Alberto Arista Montoya.




