15/04/21 – 11:09
Luis Alberto Arista Montoya*
Hoy 15 de abril del aÍo en curso se cumplen 271 aÍos del nacimiento del filÍsofo, teÍlogo y pedagogo, don Toribio RodrÍguez de Mendoza. NaciÍ en la antigua villa colonial de Chachapoyas un 15 de abril de 1750, es decir, 71 aÍos antes de la JuramentaciÍn de la Independencia Republicana del Perú, que se realizÍ el 28 de julio de 1821. Su biografÍa es una biografÍa argumentativa hasta el dÍa de su muerte acaecida en Lima el 10 de junio de 1825, a cuatro aÍos de haber sido fundada la República peruana.
De manera tal que viviÍ a caballo entre dos siglos: la segunda mitad del siglo XVIII (Siglo de las Luces) e inicios del siglo XIX (Siglo de la modernizaciÍn industrial) Fue(es) una figura histÍrica clave para comprender la conmemoraciÍn del prÍximo Bicentenario (el 28 de julio de 2021). Es un pensador transhistÍrico.
Por mÍs de dos aÍos vengo investigando la biografÍa intelectual de nuestro ilustre paisano. Acabo de escribir un libro al respecto. Su formaciÍn intelectual poco tuvo que ver con la cultura hispÍnica, mÍs y mejor fue con la cultura inglesa. La obra del mÍdico-filÍsofo inglÍs John Locke (1632-1704), fundador del liberalismo europeo, influyÍ decisivamente en el pensamiento filosÍfico y teolÍgico del joven Toribio RodrÍguez de Mendoza
En homenaje a su legado doy a conocer, por vez primera, una carta de Locke que una copia recibiÍ Toribio RodrÍguez por parte de su amigo el humanista espaÍol Diego Cisneros, quien fue el primero en establecer una librerÍa moderna en la ciudad de Lima virreinal. Locke escribiÍ dicha carta clandestinamente en Holanda, en la ciudad de Gouda, durante su destierro, porque fue perseguido en Inglaterra por sus ideas polÍticas liberales, ideas que las compartiÍ el joven Toribio y las introdujo en el currÍculum de estudios cuando ejerciÍ el Rectorado del Real Convictorio de San Carlos (foco insurgente de la primera generaciÍn de liberales peruanos que actuaron a favor del nuevo sistema republicano).
Pasada la censura se publicÍ bajo el tÍtulo ¿Carta Sobre la tolerancia?. Cobra vigencia en el Perú de hoy donde cunde polÍticamente el odio, la desconfianza, la intolerancia y la ausencia de un consenso nacional, tal como estamos viendo en el actual proceso de elecciones polÍticas, en medio de una implacable pandemia¦. He aquÍ una parte de dicha carta.
LA CARTA DE GOUDA, aÍo 1689
IlustrÍsimo SeÍor
Ya que usted me pregunta quÍ pienso sobre la tolerancia mutua entre los cristianos, debo contestarle, con toda franqueza, que estimo que es la caracterÍstica de la verdadera Iglesia. Aunque hay unos que vanaglorian mÍs de la antigÍedad de sus lugares de culto y nombres o de la pompa de su culto, otros de la reforma de su doctrina, y todos de la ortodoxia de su fe – ya que cada uno se considera a sÍ mismo ortodoxo – , Ístas y otras cosas de tal naturaleza son mÍs seÍales de la lucha de los hombres contra sus semejantes por el poder y por la autoridad sobre ellos que de la Iglesia de Cristo. Si alguien posee todas estas cosas, pero estÍ desprovisto de caridad, humildad y buena voluntad en general hacia todos los hombres sin distinciÍn, no sÍlo a los que se profesan cristianos, no es todavÍa un cristiano.
Nuestro Salvador dice a sus discÍpulos: ¿Los reyes paganos ejercen su dominio sobre ellos, pero vosotros no debÍis proceder asÍ? (San Lucas, 22,25-26). La finalidad de la verdadera religiÍn, que ha nacido no en funciÍn de una pompa exterior, ni para ejercer el dominio eclesiÍstico, ni tampoco para utilizar la fuerza, sino para regular la vida de los hombres con rectitud y piedad.
Quien se aliste en la Iglesia de Cristo tiene, primero y ante todo que luchar contra sus propios vicios, contra su soberbia y contra su placer, pues de nada sirve usurpar el nombre de cristiano, sino practica la santidad de vida, la pureza de las costumbres, la humildad y bondad de espÍritu. Nuestro SeÍor dijo a San Pedro: ¿Tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos? (San Lucas, 22,32).
Quien no se preocupa de su propia salvaciÍn serÍa muy difÍcil que persuada de que le interesa la de los demÍs: no puede dedicarse con todas sus fuerzas al trabajo de conducir a otros al cristianismo quien no ha acogido realmente en su Ínimo la religiÍn de Cristo. Si no se da crÍdito al Evangelio y a los ApÍstoles, ningún hombre puede ser cristiano, si carece de caridad y de esa fe que actúa no por la fuerza, sino por el amor.
Pues bien, yo apelo a la conciencia de aquÍllos que, con el pretexto de la religiÍn, persiguen, torturan, destruyen y matan a otros hombres, y les pregunto si lo hacen por amistad y bondad hacia ellos, y creerÍ que Ísta es la disposiciÍn de Ínimo con la que actúan, cuando vea que esos fanÍticos enardecidos corrigen de la misma manera a sus amigos y familiares por los pecados manifiestos que cometen contra el Evangelio, cuando los vea perseguir a fuego y espada a los miembros de su propia comuniÍn, que, estando manchados por enormes vicios y no se corrijan, se encuentran en peligro de perdiciÍn eterna, y, los vea testimoniar, con toda clase de tormentos y crueldades, su amor por ellos y su deseo de salvar sus almas.
Si, como pretenden, por caridad y por deseo de salvar el alma de los demÍs, les quitan sus propiedades, los maltratan con castigos corporales, los matan de hambre, los torturan en malsanas y sucias prisiones y, finalmente, hasta les quitan la vida, para que tengan fe y se salven, ¿por quÍ entonces toleran que la prostituciÍn, el fraude, la mala fe y otras cosas semejantes, que huelen abiertamente a paganismo, como dice el apÍstol (Romanos, 1,23-29),crecen impunemente entre sus secuaces?.
Estas cosas y otras semejantes son mÍs incompatibles con la gloria de Dios, la pureza de la Iglesia y la salvaciÍn de las almas, que cualquier errÍnea convicciÍn de la conciencia contraria a las decisiones eclesiÍsticas o que cualquier rechazo que concierne al culto externo, acompaÍado de una vida sin culpa. ¿Por quÍ, entonces, me pregunto, ese celo por Dios, por la Iglesia y por la salvaciÍn de las almas, ese clon tan ardiente que llega incluso a quemar a las personas vivas, por quÍ ese celo olvida y no castiga esas infamias y vicios morales, que todos los hombres reconocen que son diametralmente opuestos a la fe cristiana y, en cambio, encaminan todos sus esfuerzos a corregir opiniones cuya mayor parte se refieren a sutilezas que exceden la capacidad de comprensiÍn de la gente común, o a introducir ceremonias?. CuÍl de las partes que discuten sobre estas cosas tenga razÍn, cuÍl sea culpable de cisma o herejÍa, si la que sale vencedora o la que sucumbe, tendremos una respuesta, cuando se valoren las razones de la separaciÍn.
Ciertamente, quien sigue a Cristo, abraza su doctrina y aguanta su yugo no es hereje, aunque abandone a sus padres, las ceremonias de su paÍs, la vida pública e incluso a todos los hombres?. (Carta sobre la Tolerancia, escrita por John Locke en la ciudad holandesa de Gouda, 1689. Mestas Ediciones, Madrid; traducida del inglÍs al espaÍol por RomÍn de VillafrechÍs; ps.21-23).
_____
EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Chachapoyas 15 de abril de 2021, Luis Alberto Arista Montoya.




