Diario expreso – Beatriz Mejía Mori
Estamos en un proceso electoral en que es preocupante comprobar la participación de candidatos, hasta presidenciales, que evidencian graves falencias cognitivas y morales; esto es, afectación de sus capacidades mentales y de discernimiento moral de las cosas, lo cual va mucho más allá de su nivel de instrucción, y que demuestran estar discapacitados para gobernar o legislar a nuestra nación.
Decepcionados de los últimos gobiernos y de las muchas crisis en que nos han metido a millones de peruanos, vemos con desolación que la oferta de alternativas de solución de gobiernos diferentes queda reducida a la mínima expresión, cuando advertimos que los candidatos que parecen estar en su sano juicio y comprometidos con los intereses nacionales aparecen postergados o no aparecen en las sospechosas encuestas.
El gran desgaste de las muchas reformas de la ley electoral nunca llegó a modificar la destrucción de los votos en la mesa de votación luego del escrutinio, invento de Alberto Fujimori para poder hacer los fraudes electorales de su decenio dictatorial, sin posibilidad de volver a contar los votos; muy delatador de las malas costumbres fraudulentas de los partidos políticos en el Congreso, que en 30 años nunca quisieron modificar esto, que, a ojos de toda buena conciencia, era impostergable derogar luego del escandaloso fraude del año 2000.
Se advierte una clara intención de impulsar candidaturas de personas que han perdido la capacidad cognitiva, que evidencian carencias de lógica en su razonamiento, en el habla, dislates en la memoria, y en su ubicación espacio-temporal, y en las que adolecen de deficiencias de capacidad moral, por sus antecedentes de vida, debido a que son ideales para su manipulación por los intereses extranjeros, ávidos de disponer de nuestros recursos naturales a través de gobernantes ad hoc.
Debemos realizar una verdadera reforma electoral, asegurando una debida selección de candidatos que obligatoriamente pasen por los exámenes de habilidad cognitiva y de capacidad moral para ser autoridad pública y dirigir los destinos de la nación. Los exámenes psiquiátricos y psicológicos, así como toxicológicos, deben ser parte de la evaluación integral de los candidatos. No es posible que estemos cambiando de presidentes cada tantos meses porque incurrieron en desatinos y corruptelas imposibles de ocurrir con personas cuerdas y honestas, con formación de estadistas, solo porque la irresponsabilidad moral y la ambición están llevando a personas no preparadas para gobernar al frente de la nación.
La trayectoria de vida siempre ha sido el espejo más fiel de la cordura de una persona: cuanto más limpia la trayectoria, más hábil para dirigir los destinos de una nación.




