«En política no solo hay que serlo, sino parecerlo.» En el parlamento la diputada Uribe de la bancada del Buen Gobierno se muestra enérgica frente a defensa de las menores víctimas, pero la realidad en el territorio (Condorcanqui – Amazonas) reveló una postura distante e indiferente frente a las autoridades.
Leonardo Serrano Zapata – Lima Gris
En Lima, su discurso es enérgico. Desde los fueros parlamentarios, Uribe defiende a las niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual en Condorcanqui. Habla de urgencia, de responsabilidad estatal, de deuda con las comunidades Awajún y Wampis. Las palabras son las correctas, el tono también. Faltaba lo más difícil: trasladarlas al territorio.
En septiembre, la diputada Romina Uribe, del Partido del Buen Gobierno, llegó a Condorcanqui. Durante una reunión con las autoridades de la UGEL Condorcanqui, mientras el director de la entidad hacía uso de la palabra, se observó a la parlamentaria con el celular en mano y la mirada fija en la pantalla; una actitud que transmitió distancia e indiferencia justo cuando la escucha era lo que más se esperaba de ella.
Lo que en el hemiciclo suena a compromiso, en el territorio se convierte en fiscalización para la foto. Un celular en la mano puede ser inocente, pero en ese contexto y ante las autoridades comunica prioridades.
En una región golpeada por la violencia contra menores, la escucha activa no es un mero formalismo: es una muestra de respeto y una herramienta clave para gestionar el conflicto social. Por ello, la actitud distante mostrada por la diputada en la UGEL Condorcanqui cobra una gravedad mayor ante la expectativa de la comunidad.
La política de la denuncia en tribuna tiene un riesgo evidente: confundir visibilidad con compromiso. Un discurso brillante construye una imagen, pero no reemplaza una visita atenta, una pregunta incómoda o una escucha paciente. Cuando las cámaras se apagan, el interés verdadero se nota en los gestos reales.
¿Qué se ha gestionado realmente en favor de las víctimas de Condorcanqui tras dos años y medio de crisis? ¿Cuántos políticos más viajarán a la zona solo para la foto?
La diputada Uribe no alcanzó a escuchar el contundente reclamo del director de la UGEL Condorcanqui, quien le increpó directamente: «Escuche, esto es la realidad y lo saben; las diferentes comisiones de la OEA lo saben. ¿Qué han hecho? ¿Usted cree que yo estoy contento con lo que hago?»
La diputada no prestó atención. Uribe no ha puesto el tema en la agenda, el tema está en agenda hace más de 10 años. Quien levanta la bandera de las víctimas asume una responsabilidad que no termina con el aplauso del pleno o de las redes sociales.
Aún está a tiempo de corregir el rumbo diputada Uribe: volver, escuchar sin distracciones y demostrar que su causa es más que un discurso. Porque a las niñas de Condorcanqui no les basta que alguien lo parezca. Necesitan que alguien lo sea.




