¿El fin de los presidentes procaviares?

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Diario expreso – Miguel Lagos Miguel Lagos

La orden de prisión preventiva, dada en agosto pasado contra Martín Vizcarra, generó reacciones mixtas entre la ciudadanía. Muchos esperaban una condena —cosa que ha ocurrido hoy, 26 de noviembre— por los casos de corrupción que lo involucran. Aquella medida cautelar no debía descartarse como una apuesta, una “prisión” estratégica en pro de su victimización política. Vizcarra, astuto en el manejo de su imagen y favorecido por el eco de cierta prensa e “influencers”, podría aprovechar ese encierro para victimizarse y posicionarse como blanco de una “persecución política”; y así fue. Dicho afán, en ruta a las próximas elecciones generales, puede continuar ahora que volverá a Barbadillo. Aunque su nivel de rechazo es alto, puede intentar endosar votos a algún candidato afín —como su hermano Mario Vizcarra— con el objetivo no solo de instalar el “vizcarrismo” como corriente política, sino de formar una bancada congresal que le sirva de escudo político o arma de negociación a corto y mediano plazo. Es una apuesta compleja, muy difícil de ejecutar, pero no ajena a las maniobras que ha ensayado en el pasado.

Sentenciado, Vizcarra se suma al grupo de expresidentes elegidos principalmente por el voto antifujimorista caviar desde el año 2000, quienes terminaron tras las rejas. Todos llegaron a la presidencia como supuestos “salvadores”, pero acabaron envueltos en escándalos de corrupción y autoritarismo —como el golpe gris y policial vizcarrista contra el Congreso y el autogolpe del prosenderista Castillo— que desnudan la descomposición o la degradación de la pauta de poder que se instaló pos-Fujimori. La narrativa del “mal menor” ha demostrado ser una trampa recurrente para el electorado.

Ollanta Humala está hoy encarcelado al lado de Alejandro Toledo y Pedro Castillo. Ahora los acompañará Martín Vizcarra. Ese escenario vuelve a llamar la atención internacional asombrada con la capacidad de Perú de encarcelar a sus exmandatarios.

Lo curioso, en la coyuntura, es que si Alberto Fujimori estuviera vivo en Barbadillo, tendría frente a él a quienes llegaron al poder izando la bandera del antifujimorismo que decía «luchar contra la corrupción y el autoritarismo». La historia del efímero poder es, pues, caprichosa.

Muchas interrogantes entonces continuarán planteándose entre los analistas, prensa, población y todo aquel atraído por esa feria de sorpresas y efectos que es la política peruana.

Una pregunta de fondo tiene que ver precisamente con el famoso “Fujimori nunca más”, del que se valieron personajes como Toledo, Humala (con Nadine), Vizcarra y Castillo para llegar a Palacio de Gobierno. Por ejemplo: ¿con cuatro expresidentes en prisión, el desacreditado antifujimorismo profesional y vengativo continúa teniendo el influjo para captar votos, como aún creen algunos candidatos, asesores y grupos políticos?

La pregunta aborda un enfoque crítico sobre la vigencia del antifujimorismo como herramienta electoral en un escenario donde la corrupción ha afectado transversalmente a toda la clase política peruana. Los cancelatorios casos de los exmandatarios en prisión, otrora connotados antagonistas de Fujimori y sus herederos (e incluso del aprismo), llevan a estimar que esta “identidad política negativa” puede persistir, pero quizá ya como un factor residual y con una capacidad en declive para definir elecciones; salvo una contención activista, intensa y abierta de la “prensa” caviar que aún subsiste dominante en los medios.

La competencia electoral ya agarra tracción, y será interesante ver cómo la imagen de los expresidentes procaviares encarcelados y elegidos por el antifujimorismo en los últimos 25 años impacta en las estrategias de comunicación y de campaña de quienes buscan relanzarse política y electoralmente con este recurso. Es decir, los “antis” reciclados. Hay que incluir aquí al antiaprismo y al incipiente antiporkysmo —calentando motores vía la politización fiscal y judicial—, que los sectores caviares también buscan instalar para intentar sobrevivir entre el electorado nacional. ¿A qué candidato apostarán en 2026?

*Miguel Lagos | Analista político

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