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MUERDE TU CODO

Pastillita para el Alma 06 – 03 – 2024 Anoche con mi Marita, íbamos a la misa de un ser muy querido, en una iglesia ubicada en un lugar muy concurrido,

MUERDE TU CODO



06/03/24 - 05:12

Pastillita para el Alma 06 – 03 – 2024

Anoche con mi Marita, íbamos a la misa de un ser muy querido, en una iglesia ubicada en un lugar muy concurrido, donde no hay lugar para estacionar. Fuimos en un taxi a una hora muy prudencial, teniendo en cuenta la hora punta. Desde el inicio el “taxi seguro” se demoró más de la cuenta en recogernos. Camino a nuestro destino, entró a una avenida donde había mucho tránsito, el carro se deslazaba lentamente y el tiempo pasaba rápidamente, de repente un carro que venía a tras le chocó suavemente a nuestro taxi, con el consiguiente reclamo del ofuscado chofer, luego llegamos a un lugar en que el taxista por recuperar el tiempo perdido se pasó una luz roja, con la consiguiente llamada de atención del policía y … el tiempo transcurría, … luego de las discusiones y  “supuestos arreglos”, proseguimos la marcha, siempre lentamente por la congestión del tráfico, de repente, un camión que, recogía basura, a una hora de ninguna manera conveniente, se desplazaba delante de nosotros a paso de tortuga y en una calle de un solo sentido, lo peor, al conductor, seguro, siguiendo su rutina de trabajo, dobló a la derecha, con la consiguiente congestión y nuestra gran preocupación por la hora, pues ya teníamos más de 50 minutos en camino. Mi esposa me miraba angustiada y reclamaba, como si mía sería la culpa y mis explicaciones de tratar de tranquilizarla, aduciendo, … no era yo, el sacerdote que rezaba la misa, ni ella, tenía la llave de la puerta de la iglesia para que la gente ingrese, … bueno al fin y al cabo llegamos a nuestro destino, antes de la lectura del Evangelio.

Este incidente, me trajo a la memoria, la actitud, cuando el año 1970, laboraba como médico en el palacio de gobierno, con el general Juan Velazco Alvarado, cuando en una comisión de servicio, viajaba con dos personas de seguridad de origen ruso del ministro de salud de Cuba y en la unidad que íbamos se desplazaba a una gran velocidad, sorteando carros, en la vía de Matucana a Lima y ante mi temor de un choque inminente, me agarraba del asiento, cuando en esa época no había cinturones de seguridad y los rusos, con toda la parsimonia del mundo, me dijeron: “Doctor, si usted cree que vamos a chocar y vamos a morir, ¿por qué se preocupa? Y si vamos a llegar a nuestro destino sin que, pase nada … ¿por qué se preocupa” … palabras tragadas por el viento, sin apaciguar la angustia de situaciones que dejan huellas para siempre, tales como, cuando mi santa madrecita que, ahora me mira desde el cielo,  cuando era niño y me porfiaba por algo, que no estaba al alcance de mis manos ni las de ella y  reclamaba, con rabia o llorando a moco tendido, … ella, con toda la paz de su bondad infinita me decía, voy a cumplir contigo, después de que “muerdas tu codo”, entonces me esforzaba por hacerlo … y allí empezaba más todavía mi cólera, ya que, por más que insistía, me era imposible y ella con su parsimonia infinita y su bendita paciencia, decía “no te rindas”, logrando, poco a poco, ante mi dificultad, vuelva la tranquilidad a mi terquedad.

“Muerde tu codo” ya más joven entendí que, las cosas cuando son imposibles de realizar, deben ser tomadas con calma, sobre todo cuando no dependen de uno y por más que nos desesperemos no vamos a conseguir nada y ante los problemas de la vida, por más minúsculos que sean o por graves sean y vengan a perturbar nuestra paz interior, debemos tener la cordura para pensar y ver la forma de hallar sosiego ante las tribulaciones, porque algunas veces fracasar, es también vencer, ya que, el solo hecho de haber empezado, significa que, nos propusimos triunfar, por esa razón comenzamos y si no lo logramos fue por culpa ajena, debido a que las más de las veces no depende de uno mismo, recordando, lo lamentable, no es fracasar, sino saberse vencido y derrotado.

“Muerde tu codo” infinidad de veces, me ha hecho pensar en lo imposible de resolver algunas cosas … la necesidad de recibir sanos consejos, sin confiar demasiado en ellos, sin depositar toda tu credulidad en ellos, salvo en esas cosas que, no son de tu incumbencia, … muerde tu codo, muchas veces me ha hecho volver a mis raíces, a la tranquilidad envidiable de mis años mozos, de la comodidad inigualable de mi hogar, en mi vieja Chachapoyas, del olor inconfundible de los geranios, de la yerba mojada de la plaza de armas, de la sombra de los cipreses, la alegría de los muchachuelos jugando la pega en el kiosco, el sonido lastimero de las viejas campanas, de la imagen, casi mística, de mi adorada madrecita doña Rosita Noriega, de su mirada tierna, del cariño de sus manos y de la dulzura de su voz angelical y sigo … tratando de morder mi codo, hasta el momento, ya próximo en que, vuelva a encontrarme con ella y ya no, como cuando era un chiquillo, ahora arrastrando mis pies de viejo, para seguir diciéndola, ¡¡¡No puedo mamita, no puedo!!! … con lágrimas en mis ojos y con la alegría de volver a verla y tenderme en sus brazos, Dios así lo quiera.

Jorge REINA Noriega
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