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AUNQUE SEA UNA «RACACHA»

Pastillita para el Alma 26 – 03 – 2024 Hoy en la mañana, casi al terminar el Programa de mi hermano José David “DESPIERTA CHACHAPOYAS … YA ES HORA,

AUNQUE SEA UNA «RACACHA»



26/03/24 - 03:21

Pastillita para el Alma 25 – 03 – 2024

Hoy en la mañana, casi al terminar el Programa de mi hermano José David “DESPIERTA CHACHAPOYAS … YA ES HORA, en su emisora Reina de la Selva, escuché muy a la ligera que, en el Hospital, al parecer de Chachapoyas, denunciaba una persona existían  malos manejos económicos, lo que determinaba una alteración en la calidad de los alimentos, entre otras cosas, referentes también a la compra de medicamentos, lo cual ha motivado, regresar a mi época de estudiante en el sexto año del Centro Escolar de Varones N° 131 de Tushpuna y las veces cuando iba al Hospital Viejo, detrás del Cementerio, por la carretera a la Villa de París, cuando el Dr. Emilio Benzeville, realizaba algunas autopsias o a visitar enfermos, con el permiso de la madre Martha, una monjita nacida en Moyobamba y trabajaba como auxiliar de enfermería, en dicho Nosocomio.

La madre Martha, era una mujer de mediana edad, pienso entre los 30 o 40 años, polifacética haciendo las labores de enfermería, administrando las medicinas, haciendo las curaciones de heridas, vigilando la administración de las dietas de los pacientes y poniendo las ampolletas, utilizando las jeringas de vidrio y las agujas que hervían en una fuente colocado en un primus, al cual de rato en rato tenía que bombearlo para que no baje la llama.

Los días sábados, más o menos a las 9 de la mañana, la madre Martha, se dirigía caminando al mercado de abastos, ubicado, en lo que el jirón Libertad y Grau, para “comprar” o pedir como caridad todo lo necesario para la comida de los enfermos. Siempre iba con una señora, posiblemente la cocinera, cargando una canasta y una alforja, donde depositaban las vendedoras, las compras o bien lo regalos de papas, maíz, frejoles, choclos, zanahorias, camotes y la madrecita Martha, cuando alguna de ellas, se negaban a colaborar, la madre Martha, pedía, juntando sus manos, como en oración: Por favor regálame, aunque sea, siquiera una “racacha” para mis enfermitos, que Dios te va a pagar. 

La “racacha” es una planta de raíz tuberosa, de sabor como mezcla de papa con camote, es la zanahoria del purumacho, que crecía en abundancia en la zona de Taquia. Es un alimento sano, pero, la mayoría de las veces servía como alimento de los chanchos.

La madrecita Martha, mendigando, pidiendo por favor “Aunque sea una racacha para mis enfermitos” y los doctores de ese entonces, como el Dr. Buenaventura Burga, el Dr. Emilio Benzeville, el Dr. Lino Velarde de la Guardia Civil, tratando y curando a sus pacientes con cucharadas, pomadas y linimentos, cobrando “lo que sea su voluntad, con la sonrisa en los labios, la mirada dulce y sus manos acariciando los hombros y las espaldas de sus pacientes, pidiendo a Dios que los alcance la plata, para que en las boticas de don Benjamín Reina, don Luis Rojas y don José Santos Vigil, no falte, entre otras sustancias, el subnitrato de bismuto, el carbonato de calcio, el elixir paregórico, las pomadas de salicilatos, el aceite de ricino, las pildoritas rosadas, las cápsulas de kenopodio para las cuicas y los parásitos y el agua de Azahar, con gotitas de belladona para los nervios y el buen sueño.

Esa era nuestra realidad de los años del 40 al 50 del siglo pasado, en la fidelísima ciudad de San Juan de la Frontera de los Chachapoyas, quizás no había un buen presupuesto, para los puestos sanitarios y para el viejo hospital y los médicos de ese entonces, verdaderos apóstoles de la Medicina, erran y estaban con simples oficinas con una mesa y tres sillas, una camilla o un taburete para examinar a los pacientes, pero, con grandes cerebros llenos de ciencia, paciencia y clemencia y no de ambiciones o pretensiones de sabelotodo, ahora con clínicas y consultorios lujosos, con secretarias y alumnos practicantes de la Facultad de Medicina, con laboratorios, microscopios, tubos de ensayo, pipetas y placas Petri, rayos X, electrocardiógrafos y ecógrafos.

Ahora con funcionarios y también de repente profesionales de la salud, corrompidos en la administración pública, con cuentas bancarias abundantes, grandes propiedades en la ciudad y en otros lugares del país, duros y de sangre fría, que han confundido el verdadero sentido de la profesión médica que, ha sido, es y será una bendición por tener el privilegio de curar, tratar y ayudar a nuestros enfermos y no como antros de mercadeo, que sirve solo para hacer dinero y con esto no deseo me mal entiendan, porque, aún en el evangelio dice, que todo trabajo debe ser remunerado, pero con lo justo, de igual a igual con lo que uno da, pero sobre todo depositando en el paciente toda la bondad y el amor por confiar en nosotros, comprendiendo su sufrimiento, haciendo cuerpo de su padecimiento y sintiendo su dolor en carne propia. Sembrando la semilla de la amistad en el corazón de nuestros enfermos, respetándoles como seres humanos dignos, con nombres y apellidos y no como objetos, que solo tienen un número, como delincuentes y/o una tarjeta prestadora de servicios que acredita ser empleados con derechos porque así lo manda la Ley.

Un saludo de corazón a mis verdaderos colegas MÉDICOS, con letras mayúsculas, que apostaron, con valentía y sacrificio, quedarse en nuestra tierra, dando a nuestros paisanos consuelo y tratamiento a sus dolencias y devolviendo al Estado, lo que la gente nos pagó con sus impuestos y ustedes, queridos y respetados amigos, son señores de señores, reconocidos anónimamente por la patria y por los que salimos, ante y con las adversidades, que el destino puso en nuestro camino.

Jorge REINA Noriega
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