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CON DINERO Y SIN DINERO

Pastillita para el Alma 23 - 05 – 2024 Claro, nadie lo niega, es bueno tener un fajo de billetes en el bolsillo y gastarlo cuando a uno se le da la gana, como, donde y con quien quiera

CON DINERO Y SIN DINERO



23/05/24 - 03:30

Pastillita para el Alma 23 - 05 – 2024

Claro, nadie lo niega, es bueno tener un fajo de billetes en el bolsillo y gastarlo cuando a uno se le da la gana, como, donde y con quien quiera; también, es bueno, tener buen crédito en la Shofii, doña Fausta, doña Margarita, doña Cleme, inclusive en el Arbolito que casi no fiaba a nadie, de igual manera en la tienda del cabo Cabrera en Belén o en el Tosho, entre el Triunfo y La Unión, y más en el Indolencio, arriba en Luya Urco, para comer cecina de venado, con sabor a chancho berraco y tener una rueda de amigos, para escuchar el bordonear de una guitarra o las notas del acordeón en las diestras manos de mis compadres el Chinche Ariel y el Crespo Leonardo, mientras calentábamos el cuerpo y haciendo hora para las famosas serenatas de antaño, allá en la apacible Chachapoyas con la luna brillando en el cielo y el tintinear de las estrellitas que tachonan el firmamento, como una alfombra resplandeciente, extendida de canto a canto en los bordes de los cerros del Pumaurco, el Colorao, Shundor y el Malcamal, este último, en forma de meseta, donde El Amito, servía ampecitos de toronjil con humitas a los que se extraviaban, como dice mi comadre Gladys, sin embargo, todas estas cosas que bullen en nuestros recuerdos, no hacen la felicidad completa.

Según un informe de la Red para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, hay seis variables claves, que hacen el 75% para que la gente viva dentro de un marco de relativa Felicidad, como: “tener alguien con quien conversar, tener un ingreso monetario satisfactorio, generosidad de sus pobladores, el sentido de libertad, ausencia de corrupción y una esperanza de vida sana” y tal vez, como bien decía mi viejo querido, que: Más vale una salud física y mental agradable, que, una opulencia llena de preocupaciones.

Yo no entiendo, a las personas con un corazón de fierro, incapaces inclusive de regalar una caricia o una palabra amable, no comprendo a esa gente con “cara de guardia”, mal humorada, que solo contagian su cólera enfermiza, incapaces de obsequiar un centavo, guardadores de riquezas, prestadores de dinero con altos intereses o por el contrario a los aduladores, sonrientes, llenos de amabilidad fingida, zalameros y mezquinos, repletos de fortunas, casi siempre mal habidas guardadas en petacas escondidas y baúles con aldabas y candados.

Tal vez, cuando uno es joven, no se da cuenta del valor inmenso que tiene la amistad, porque el reunirnos está al alcance de unos pasos y más si uno tiene la dicha de vivir en provincia, donde las distancias son cortas y las personas conocidas son abundantes, aunque los que viven en la gran ciudad o en los centros más poblados, tienen la dicha de descubrir el valor incalculable de  compartir con amigos y mucho más, si estas reuniones, tienen la intención de ayudar a los más necesitados, como  es el caso de los BOMBEROS VOLUNTARIOS, quienes a riesgo de sus propias vidas, ayudan a la población y sin darse cuenta son ejemplo de cascada, porque el que, ingresa a una compañía, viste un uniforme, se disciplina y obedece un reglamento y sin darse cuenta, hace que otros los imiten. 

Se ha demostrado que las acciones altruistas son recompensadas por nuestro Padre Celestial, con buena salud física y mental. El Dr. Michael Norton de la Escuela de Negocios de Harvard afirma que una persona que ayuda tiene más felicidad ayudando que al que ayuda, es mejor dar que recibir, extender la mano con la palma hacia abajo que hacia arriba.

A nosotros los viejos, no saben cuanta felicidad nos proporciona una llamada, aunque sea corta, una conversación casi sin importancia para el que lo hace, pero, de gran trascendencia para el que recibe. Escuchar una voz amiga es una melodía para el alma, es un sentimiento de regocijo, no tiene el efecto del mensaje escrito en las redes sociales, nos alimenta de recuerdos, de añoranzas, volvemos imaginariamente a recorrer caminos verdes de esperanzas, senderos de amarguras y alegrías no recompensadas, o de adivinar con el timbre de la voz, el estado de salud del que nos habla y eso es lo que nos llena de alegría y felicidad o de pena y de congoja y entendemos, en la tristeza de nuestros años viejos, que, no es el dinero, las riquezas, las fortunas, ni la pobreza, ni aún las dolencias las que nos rascan el alma y nos hace voltear los ojos y mirarnos hacia adentro para encontrar el personaje real que habita dentro de nuestro cuerpo viejo y cansado, sino   sentir la Felicidad real a nuestra manera y …  “con dinero y sin dinero, seguimos siendo el Rey”, como cantaba un gran personaje, controvertido, amado por muchos y odiado por algunos.

Concluyendo el dinero no nos da la felicidad, tal vez en alguna forma es necesario, pero la verdadera Felicidad, está dentro de nosotros, es la que la llevamos metida en nuestras entrañas y somos felices en la alegría, en las dolencias que nos carcomen el cuerpo,  … en los olvidos, en los recuerdos que nos rompen el alma, …  somos felices por lo que amamos y no por los que nos amaron o los que nos aman. 

La Felicidad es un sentimiento de humildad que, no se mendiga, no se suplica ni se ruega, nos pertenece íntegramente y lo llevamos metido en las fibras más íntimas de nuestro corazón.

Jorge REINA Noriega
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