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BAJA EL CIELO A LA TIERRA

Pastillita para el Alma 06 – 05 – 2024 Desde cuando éramos guagüitas, siempre en nuestras casas, escuchábamos que cuando uno se muere, si ha sido bueno en la tierra, se va al cielo y si, por el contrario, fue desobediente, caprichoso, llorón y malcriado.

BAJA EL CIELO A LA TIERRA



14/05/24 - 10:25

Pastillita para el Alma 06 – 05 – 2024

Desde cuando éramos guagüitas, siempre en nuestras casas, escuchábamos que cuando uno se muere, si ha sido bueno en la tierra, se va al cielo y si, por el contrario, fue desobediente, caprichoso, llorón y malcriado. se iba a quemarse, en el infierno y nosotros, desde la paz, de ese pedacito de tierra que, según nosotros, era parte del paraíso terrenal, íbamos cultivando la bondad, como semilla sembrada y abonada, con la dedicación y el amor de nuestros padres y la tranquilidad inigualable del afecto y el cariño de nuestros paisanos, para tratar de convertirnos muchos de nosotros, en lo que, ahora somos, árboles viejos, de troncos secos, fieles guardadores de recuerdos imborrables y añoranzas sempiternas y así, llegar al cielo.

Los más creyentes, imaginamos el cielo como el lugar de la paz infinita, donde no hay rencillas, delitos, crímenes, ladrones o gente malvada. Lugar santo donde se cumple el mandamiento más grande de Dios, cuando dijo “Amarás a Dios, sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”.

Como olvidar el azul de nuestro cielo de la fidelísima ciudad de San Juan de la Frontera de los Chachapoyas, cuando en mi chiquititud, al contemplar la infinidad del universo, me esforzaba por ubicar la morada de Dios, escondida entre las nubes, cuando lentamente se movían, haciendo figuras de palacios o de paisajes incomprendidos, … cuanta inocencia o tal vez, cuanta mezquina pretensión, de ver su casa o a nuestro Padre Celestial y ser diferente a Moisés, el cual solo escuchó, la voz de Dios entre el fuego de las zarzas en el monte del Sinaí.

La mayoría de la Humanidad, ama a Dios, aunque con diferentes nombres, pero todos creemos en un Ser Supremo, verdadero Hacedor de todas las cosas del universo. Según nuestras enseñanzas cristianas, los consejos de nuestros padres y de nuestros mayores, somos portadores de un Amor Divino, mezcla de respeto único, Amor, diferente al de los humanos y también de temor, por su Gran Poder, como se describe en los volúmenes de la Ley Sagrada. 

Leyendo una serie de mensajes de meditaciones, en un libro “El vaso roto” de un sacerdote dominico, encuentro una definición incomprendida, por la magnitud de su significado de lo que dice del cielo “Que necedad es lo que hoy nos proponemos de ¡Hablar del cielo!, porque no hay lápiz o lengua humana que sean capaces de delinear ni pálidamente aquella divina arquitectura”, pues en realidad, tanto hombres sabios en ciencias, en temas filosóficos son capaces de vislumbrar, mínimamente, la magnificencia de la morada divina de nuestro Padre Celestial. 

Sin embargo, somos conscientes que, en otros planos espirituales, todos somos iguales, sin diferencias de ninguna clase, pero, obligados a guardar y cumplir con principios fundamentales, conservando la paz y la felicidad en su más amplia expresión, … retornando a ese paraíso, donde todo es felicidad y tranquilidad y que perdimos por la desobediencia de nuestros primeros padres terrenales, los cuales pecaron por desobediencia de los mandamientos de Dios. 

La Bondad, en su más amplia expresión, es la única Ley de la vida, la única y mejor razón de nuestra existencia. Amado Nervo dice del hombre: “La capacidad de bien que hay en el alma humana es desconcertante por su grandeza. El poder que para el Bien nos fue concedido, es de una enormidad que pasma”, por lo tanto, el ser humano nace BUENO y el mundo, con sus mezquindades, nos desvía hacia una vida licenciosa, llena de maldad, de la cual con la decisión,  la educación, con verdaderos maestros y la fuerza de voluntad, podemos regresar al camino de la felicidad, de la paz, la alegría, la comodidad y la seguridad y este comportamiento y actitud, es BAJAR EL CIELO, por Amor a Dios, amor a nuestro prójimo, entendiendo que, la vida es un soplo que se termina en un abrir y cerrar de ojos, olvidando nuestra condición de mendicidad, porque en esta tierra, pide pan y trabajo el pobre, el rico pide poder, respeto; muchos de rodillas anhelamos perdón, bienestar y todos en general, pedimos salud, ausencia de dolor, paz y tranquilidad para nosotros y los que nos rodean.

Muchas veces los hombres buscamos las cosas fáciles, que nos deleiten, burlamos la Ley, adquiriendo cosas, títulos, puestos públicos, propiedades, sin saber que al final, todo, se termina con la muerte, sin tener en cuenta que siempre lo “mal adquirido se convierte en ponzoña”, en el decir de Fray Luis de León y lo que no pagamos aquí, siempre va a existir quien nos cobra y aplica la justicia real, que con nuestras mañas supimos esquivarlas.

Dios tuvo necesidad de convertirse en hombre y venir a nuestro valle frondoso y espeso para darnos mandamientos y enseñarnos inclusive con su ejemplo, y así reine el amor entre los hombres, empero, nuestro malentendido libre albedrío, nuestra torpeza humana lo ignoró y lo victimizó y se llenó de amargura nuestra alma y sigue triunfando la indiferencia, la ignorancia, la soberbia, la maldad y continuamos viviendo en esa eterna espera, de que en algún momento cambie nuestro comportamiento, nuestras actitudes, entre la razón en nuestras mentes y con paciencia divina esperamos que algún día llegue a ser realidad la paz verdadera en la tierra para la felicidad completa, contagiando dulzura, amor, oraciones convertidas en plegarias de gratitud, sentimientos de compasión duradera, libre de amarguras, que nuestras palabras traduzcan frases bellas de afecto y no sean saetas que denigran y maltratan.

Seguro estoy, pero, ya no lo veré, que llegará ese día cuando el cielo baje acá a la tierra, cuando prevalezca el amor a Cristo, el amor divino y nuestra gente se niegue a creer a las autoridades y los políticos, lobos vestidos de corderos, muchos de ellos corruptos, encargados de engañar y corromper al pueblo con ideas de izquierda y de derecha, llevando agua solo para sus molinos y arrastrando inmisericordemente, a sus víctimas, a la pobreza y a la decadencia moral.

Jorge REINA Noriega
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