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CANDILEJAS Y HÉCTOR SACO BURGA

Pastillita para el Alma 15 – 09 – 17 En la ciudad de Chiclayo, capital de la Región Lambayeque, el día 03 de agosto dejó de existir, a la edad de 78 años, mi muy querido compadre

CANDILEJAS Y HÉCTOR SACO BURGA



22/09/17 - 05:52


Pastillita para el Alma 15 – 09 – 17


En la ciudad de Chiclayo, capital de la Región Lambayeque, el día 03 de agosto dejó de existir, a la edad de 78 años, mi muy querido compadre, el señor don HÉCTOR SACO BURGOS, nacido en la ciudad de Chachapoyas dejando en la congoja más triste a su amada esposa Dalila Feijoo,  a su única hija Lourdes con sus dos nietos.

Nacido  en la ciudad de Chachapoyas, hijo del ingeniero Edilberto Saco Vertis y de la señora Carolina Burga Angulo. Vive, la mayor parte de su infancia, en la provincia de Rodriguez de Mendoza, de donde regresa a Chachapoyas como arquero del equipo de futbol  de la Acción Católica, por el año 1955 o 56, en el mes de julio, fecha en que se realizaban los campeonatos interprovinciales en la histórica canchita de Belén y que congregaba a mucha gente que se reunían en las veredas bajo los techos de las casas o bajo las pencas al lado derecho de la iglesia de San Lázaro, que ahora es la iglesia de La Buena Muerte.

El equipo de los white (juaits) del  Club Higos Urco, estaba conformado por algunos de los colegiales del  5° año del Glorioso San Juan de la Libertad y de los universitarios que regresábamos por las vacaciones de medio año. Nuestro capitán y preparador físico Conrado Tuesta, nos hacía concentrar en la casa de mis padres, don José David Reina y doña Rosita Noriega en la esquina de los jirones Ortiz Arrieta y Ayacucho, donde nos encerraban 7 días desde las 8 de la noche hasta las 5 de la mañana, hora que salíamos a correr por la carretera hasta El Molino, para venir a Belén y hacer nuestro partido de práctica. Con nostalgia recuerdo a mi hermano José David a sus 5 años concentrado y correr conmigo, como muchacho grande.

Una noche, la víspera de iniciar el campeonato, por los altoparlantes de la Municipalidad, se escuchó una voz varonil, rítmica y romántica que cantaba “Ya vamos llegando a Pénjamo”, “María Bonita” y cerraba con broche de oro interpretando “Candilejas”.  Hasta ahora suena en mis oídos el recuerdo de esa melodía… “Entre candilejas te adoré, entre candilejas yo te amé. La felicidad que diste a mi vivir, se fue… no volverá nunca jamás, lo sé muy bien”.

Era la voz inconfundible de Héctor Saco Burga, que marcó en los hombres y mujeres de mi generación una época de oro de nuestro inolvidable Chachapoyas, de las serenatas con acordeón y las improvisaciones nostálgicas de Héctor, que ya no regresó a Rodríguez de Mendoza, se quedó a trabajar en la Oficina de Caminos y desde luego se inscribió en nuestro Club “Higos Urco”, de donde nunca salió hasta que fue trasladado a la ciudad de Chiclayo, contrajo matrimonio en 1964, con nuestra consocia  Dalila Feijoo, los casaron en lo civil el alcalde Gilbert Feijoo y el religioso por el padre Carlos Gates. Se jubiló en Chiclayo y desde que nacieron sus nietos, se apartó completamente de las bebidas alcohólicas y del tabaco, prometiendo que nunca los hijos de su hija lo iban a ver bebiendo licor o fumando cigarros.

Se volvió un hombre casero, piadoso, dedicado a su hogar, a concurrir a la sede del Club Amazonas de Chiclayo, departir con sus amigos y muy en especial con Ruperto Torrejón, el popular Loco Serenata, que también siente profundamente su ausencia.

Murió Héctor Saco Burga en Chiclayo, víctima de la Hipertensión Arterial que se complicó con una insuficiencia renal, por lo que tenían que dializarlo 3 veces por semana y con una fibrosis pulmonar que le obligaba a usar oxígeno casi constantemente… Dirán ustedes porque hago referencia a estas dolencias, porque Héctor Saco Burga, en su nobleza sin fin, deja un consejo para que la presión arterial alta, que muchas veces pasa inadvertida, deba ser controlada constantemente, sin olvidar la medicación y que el tabaco, a la larga, es un enemigo mortal.

Héctor Saco Burga, mi compadrito del alma, dejas en tu partida una herida muy grande de cerrar. Siempre vivirás en nuestros corazones y jamás te podremos olvidar. Tu amada esposa Dalila, mi ahijada, tu hijita Lourdes y tus engreídos nietos, cada vez que alzan sus ojos al cielo y ven tintinear una estrella, sabrán que eres tú al que le deben un amor infinito y dirán que no has muerto, porque sigues vivo y eres su amor incomparable, por tu cariño y tus desvelos.

“DON HÉCTOR SACO BURGA, MI QUERIDO COMPADRE DESCANSA EN PAZ”

Jorge REINA Noriega
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jorgereinan@gmail.com

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