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VICTIMIZACIÓN O VÍCTIMA

Pastillita para el Alma 08 – 04 – 24 Cómo ha cambiado las costumbres y las actitudes de las personas en los días de la Semana Santa,

VICTIMIZACIÓN O VÍCTIMA



08/04/24 - 08:42

Pastillita para el Alma 08 – 04 – 24

Cómo ha cambiado las costumbres y las actitudes de las personas en los días de la Semana Santa, para muchos una semana de playa y de diversión y para pocos, muy pocos, de reflexión y meditación y para un grupo, todavía escogido, muchos venidos de provincias o de arraigada tradición con la actitud de profundad religiosidad, conservando los usos y costumbres de antaño.

La Semana Santa, empieza, desde el domingo de Ramos, oyendo música clásica, asistencia a las velaciones y procesiones, jueves, viernes y sábado, sus vestidos de luto riguroso, los ayunos obligados, la comida de bacalao, la cena pascual y el domingo de Resurrección, algarabía total, abrazos y aleluyas, música bailable, los huevos de pascua de chocolate, escondidos en los rincones de la casa y esperando que los nietos los descubran. Para nosotros, los dos viejos, se dividió en dos partes, los 4 días en la playa con la algarabía de la familia y los 3 últimos en la soledad de la casa y tratando de adivinar, cuántas Semanas nos concederá nuestro Padre Celestial o quizás este sea mi último bacalao de Noruega con pecanas y papa amarilla … en fin solo Dios sabe, sin embargo, tuve la oportunidad de leer un libro muy interesante, que describe todo el sufrimiento de los campos de exterminio de más de 6 millones de personas, entre niños, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, embarazadas y enfermas, durante la segunda guerra mundial, escrita por una sobreviviente, que vivió la desgracia, el sufrimiento de torturas, el hambre, la desolación y la degradación humana en su máxima expresión, con heridas que dejaron cicatrices imborrables en el cuerpo y en el alma, marcadas casi para siempre. La autora Edith, en ese entonces de 15 años describe con una crudeza casi real, sobre todo, en el pasaje, cuando las separan a ella y su hermana Magda de su madre, muy joven, aparentemente, como si fuese su hermana, cuando los soldados de la Gestapo le preguntan si es su hermana, ella, apresuradamente, responde que era su madre, pensando que los soldados iban a dejarla con sus hijas, pero, al contrario la llevan y la dirigen a los hornos de cremación, por lo que la escritora, desde ese entonces, guarda en su mente, un sentimiento de culpa, pensando que hubiese podido salvarla, diciendo, que era su hermana.

Edith Eger relata con mucha habilidad la pesadilla de su vida, convirtiendo el libro en una obra maestra, de lectura ágil, inteligente, a veces espantosa, que crea odios indescriptibles ante los hechos, pero también inquieta saber y descubrir cuales fueron los mecanismos de los que se valió para superar y convertirse en una profesional de éxito, liberándose de traumas mentales, con hijos, nietos y bisnietos, con un esposo, del cual se divorció y volvió a casarse, siendo ahora muy felices.

En su narrativa, aborda una serie de temas en el campo de la Psicología clínica, que es su especialidad, valiéndose de una serie de anécdotas que, recuperan a muchos pacientes, con  marcas, al parecer sin solución, solo haciéndoles conscientes de lo fácil que, es liberarse de sus miedos y angustias, enfrentándose, tiempos después, a sus victimarios, los que tienen una vida tranquila sin preocupaciones, mientras la víctima, se hunde en sus miedos y sus recuerdos, tales como por ejemplo, la joven que sufre una violación, cuando tenía 8 años y vive presa de sus temores, hasta que a los 33 años se enfrenta a su violador y descarga su cólera e impotencia guardada, o la de su joven amigo, Laci, con el cual estuvo en el techo de un tren junto con muchos otros judíos, que se protegían del viento aterrador y el susto de caerse, que después de 10 años volvieron a encontrarse en USA, él, convertido en un médico y con un cambio de nombre y apellido, Larry y había logrado vencer sus miedos y realizar lo que más deseaba, como es ayudar a los enfermos psiquiátricos, descubriendo que es lo que hay debajo de su piel, lo cual los martiriza y no les deja llevar una salud buena, teniendo en cuenta que no hay nada absoluto en la vida, ni en la Medicina, porque las enfermedades son difíciles de tratar, siempre habrá dolor, que a veces no se soluciona con la Cirugía o los tratamientos, como en los casos de cáncer, tal el caso de una paciente con una neoplasia terminal que con lágrimas en los ojos pedía que la recuerden solo como una persona buena y no con la ira de afrontar sus males a los 31 años. 

Edith, nuestra escritora afirma que aferrarse a los resentimientos no conduce a nada. La libertad de espíritu, consiste en aceptar lo sucedido, “armándose de valor para desmantelar la prisión pieza por pieza” Ella dice que no es la depresión, ni el estrés postraumático, los diagnósticos que más llegan a su consulta, sino el Hambre, personas hambrientas de afecto, de bondad, de consideración, de aceptación a la sociedad. “Hambre de aceptar la libertad para aceptar la vida”, y tener la valentía de conocernos nosotros mismos en nuestros defectos y virtudes. 

Hay una gran diferencia entre VICITIMIZACIÓN Y VÍCTIMA. Todos en algún momento de nuestra vida podemos ser victimizados, padeciendo cualquier tipo de calamidad o de desgracia, un terremoto, una pandemia, de autoridades, de gente abusiva, etc, situaciones que vienen del exterior y no está en nuestras manos poder controlar. La situación de victima procede del interior de la persona. Nadie puede convertirnos en víctima, sino solamente nosotros mismos, porque nos aferramos a una situación de sufrimiento o de dolor, de pesimismo, de disminución de la autoestima, de sufridos, dignos de compasión, de miedosos, angustiados, preocupados, de cara acontecidos, prisioneros de nuestro pasado y de los que nos causaron el dolor. La víctima desea vivir con el afán de vengarse o de ser considerada como digna de lástima por sus familiares o por el círculo de sus amistades, aunque algunos salen adelante y se enriquecen prosperando y causando envidia del que los victimizó. Siempre es más fácil echarle la culpa a alguien de nuestra cobardía de vencer un sufrimiento y seguir aparentemente sufriendo de nuestros recuerdos.

Esta escritora toca en forma muy especial la pérdida de los familiares y nuestra costumbre de guardar el luto, sin descartar que esto es importante, pero cuando se prolonga en forma indefinida es mostrar a los que nos ven la existencia de una pena permanente, que seguramente nunca desaparecerá y … me lo van a contar a mí, … sin embargo es necesario superar, aparentemente, este trauma que a nadie le importa, ya que cuando permanece el luto optamos por reconocernos como víctimas y aceptar inconscientemente que nuestra vida también ha acabado y el luto es un escudo que nos protege y permite la conmiseración, sin tener en cuenta que los muertos viven para siempre en nuestros corazones, dándonos la fuerza para enfrentarnos a todas las vicisitudes de este mundo donde reina el amor, de acuerdo al cristal con que se mira. 

Edith Eger, nos ha dado una muestra de valentía, al aceptar sus días de cautiverio, como algo parte del pasado, que no debe permanecer para siempre y para eso demostró yendo a enfrentarse con sus recuerdos y sufrimientos, durmiendo en la cama de Goebbels en el Hotel General Walker en las montañas de Baviera, cerca de Berghof o el Nido de Águila la antigua residencia de Hitler, dando conferencias a los sobrevivientes de muchos de sus compañeros que sufrieron en los campos de exterminio de Hitler y visitando los campos de Auschwitz, aseverando que, la libertad de las cadenas que nos hacen prisioneros, se debe, en no aceptar lo hermoso que hay en la actualidad, en no saber perdonarnos y perdonar a  los que nos hicieron un mal.

Los cirujanos plásticos borramos o disimulamos cicatrices del cuerpo físico, pero, hay cicatrices del alma con las que se convive para siempre y nuestra valentía está en afrontar la vida, sin rascar la herida incurable y sin sentirnos víctimas, tampoco permitiendo que el pasado tenebroso, perturbe nuestro presente, y conscientes que, de ninguna manera, nuestros actos del presente, por muy buenos que sean, jamás van a disminuir o borrar nuestro pasado sentimental.

Jorge REINA Noriega
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