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LA DELINCUENCIA COMO ESTILO DE VIDA

Luis Alberto Arista Montoya*. Los sociólogos expertos en estudios de mercado, sostienen que la capacidad económica

LA DELINCUENCIA COMO ESTILO DE VIDA



31/05/24 - 03:40

Luis Alberto Arista Montoya*.

Los sociólogos expertos en estudios de mercado, sostienen que la capacidad económica, la educación y las formas de consumo: de comida, de vestido, artículos para el hogar, etc.,  son las variables que determinan el llamado estilo de vida de las personas. Dime cuánto ganas, dime cómo has sido educado, dime qué consumes, dime con qué artefactos cuentas, entonces, te diré quién eres, a qué nivel social perteneces. Pero la igualdad tan  solo funciona en el rubro de la igualdad de oportunidades. Esta es una evidencia social.

Vengo sosteniendo desde el año 2001 que delinquir en el Perú se ha tornado en un estilo de vida. Es mi hipótesis de trabajo. Porque para muchos la delincuencia es el método más expeditivo y rápido para agenciarse de dinero para tener capacidad de consumo. Y esto vale para los delincuentes de cuello y corbata, tanto como para los delincuentes comunes (quienes in pectore piensan: “Si los presidentes y congresistas roban, por qué no hacerlo yo. Vamos a la carga”. Y es así como los jóvenes pobres, de pobreza extrema y ultra-pobres, han salido al ataque acompañando a delincuentes foráneos que han invadido nuestro país. Se han socializado en ese mundo delincuencial y han optado por ese estilo de vida.

Los productos que más consumen estos delincuentes son: la droga y la ropa de marca (solo para aparentar estar a la moda). “Consumo droga, luego existo”. Es por eso que sus crímenes y asesinatos son cada vez más crueles, porque antes de actuar se drogan para tener coraje, matar sin miedo alguno. Los secuestros y el sicariato cometidos, por más y más adolescentes, es una trágica evidencia hoy en día en muchos países de la región.

En Perú los criminólogos y criminalistas están cambiando de discurso: Sostienen que estamos ante el fenómeno una “delincuencia transnacional”, ante un “terrorismo urbano”. Porque a causa  del narcotráfico se ha globalizado, porque las calles de nuestras ciudades se han tornado en espacios público inseguros. Impera el terror. Tanto, o más que en la época sanguinaria de Sendero Luminoso y del MRTA. Es que la venta y el consumo de droga ahora es un estilo de vida casi común y corriente para el estamento social de los delincuentes. Estamento que ya tiene un puesto social dentro la sociedad. Con las redes sociales y su macabro actuar se han visibilizado. Conviven extorsionando a los demás que viven(o sobreviven) realizando un  trabajo honesto.

Como reacción al  temor, terror y miedo de orden  colectivo e individual  generado por la delincuencia/inseguridad ciudadana, muchas ciudades peruanas  se están convirtiendo en ámbitos urbanos enrejados, vigilados y espiados (mediante  video-cámaras, guachimanes, serenos, policías); y, paralelamente, también espiados (chequeados)  por marcas, campanas, raqueteros, taxistas-asaltantes y motociclistas, delincuentes de toda estofa.

En Lima, por ejemplo, casi todo el mundo desconfía de todo el mundo, vivimos dentro de una sociedad de la sospecha como si estuviésemos en una ciudad panóptica (cárcel vigilada)

Ránking de problemas
La estadística sobre el estado de esta cuestión es elocuente, confirma la anomia social. Quizá un error es encapsular  el problema de la delincuencia/inseguridad ciudadana, sin conectarlo con los otros nueve problemas que asedian a la sociedad peruana, según el ránking de los diez principales problemas percibidos por  1,226 ciudadanos encuestados. 

 Lo delincuencial se ha bifurcado e infiltrado en casi todos los otros ámbitos de nuestro mundo de vida. Es un vector transversal antisocial. Los diez problemas álgidos son: 

1.-La delincuencia e inseguridad ciudadana (77%) ocupan el primer lugar en el ránking de los 10 principales problemas del país, a manera de una matriz o plataforma; seguida por:

2.- La corrupción (44%). Lo delincuentes corrompen (o amenazan) a policías y otras autoridades (jueces, fiscales) para no ser castigados, o para que los dejen “trabajar” (bajo el recurso del “japa najá”). Si no se dejan corromper mueren a mano de sicarios. La actividad delincuencial es corruptígena: contagia a funcionarios y autoridades, esto se percibe en la minería ilegal (parecida al narcotráfico) y en las licitaciones de obras nacionales, regionales y locales. Incluso, la minería ilegal financia campañas políticas, tienen sus propios congresistas, gobiernos regionales o alcaldes. Cuentan con sus “representantes” ante el Perú oficial.

3. La situación económica (30%). Los delincuentes atacan más, no solo en tiempo de  crecimiento económico del país, sino también en tiempo de crisis (escasez). Aprovechan el encanto o desencanto económico.

4. La falta de  trabajo/desempleo (28%), lleva a muchos jóvenes ha recursearse mediante “trabajos” delincuenciales (sicarios, dateros, marcas). Esta temprana socialización delictiva viene instaurando un estilo de vida  que se está normalizando

Estilo de vida-lo recalco -  es una forma de vivir y coexistir con los demás; un modo de ser,  estar y actuar en el mundo. Estilo vital que depende de la capacidad adquisitiva de cada individuo, para tener capacidad de consumo.

5. Educación (21%). La precaria educación de niños y adolescentes, el ausentismo o la deserción escolar fortifican el talante favorable a lo delictivo. Unida a la extendida falta de educación de la sociedad en general, donde el achoramiento aparece como estilo de ser, estar y hacer.

6. Inflación/aumentan precios (17%). “Todo sube y sube, se pone caro, la plata no alcanza”, piensan los ultra-pobres; y, por tanto, hay que robar, extorsionar o coimear (piensan muchos  ciudadanos zanahorias: la “comisión” en la  cosa pública es frecuente). Se relaciona con los ítems 3, 4 y 5

7. Salarios (16 %). “Para qué trabajar, para que estudiar si los sueldos y salarios son bajos, miserables; hay que robar o hacer otros “trabajitos” para vivir bien”. Las mafias, las bandas reclutan nuevos contingentes procedentes de estas capas sociales  derrotistas y pesimistas (incluso, las órdenes y ofertas salen electrónicamente ahora desde la cárceles, donde los cabecillas ha montado “estudios de posgrado y consultoría”)

.8. Violencia (16%). Sobre todo la violencia delincuencial urbana; pero también está la violencia del narcotráfico; la violencia política (protestas antimineras, “ambientalistas”). Y la violencia estructural (caldo de cultivo: pobreza, desigualdad, iniquidad, marginación, machismo,  ignorancia etc.)

.9. Servicios de salud (16%). La muerte lenta y la muerte por negligenciaaumenta en los paupérrimos hospitales de salud y de la seguridad social. El miedo a enfermarse se ha extendido. Los delincuentes amenazan y extorsionan a médicos de postas, hospitales y clínicas para ser atendidos en secreto cuando son heridos; o  para hacerse un chequeíto o descansar un buen tiempo (recuperarse); los robos de medicamentos y bienes están a la orden del día en los hospitales públicos. ¿Sí o no “señor” ministro de salud?

10. Consumo de drogas (13%). Es casi seguro que todo delincuente, antes de hacer una fechoría, se droga. Sin embargo, las bandas no reclutan a “viciosos drogadictos porque  son traicioneros”. Los jóvenes delincuentes debutantes se meten una esnifeada antes de la faena para no tener miedo; son los más peligrosos porque asesinan sin piedad alguna.

En conclusión: la delincuencia/inseguridad está troquelando  con sellos indelebles la conciencia colectiva y la de los individuos, acentuando la desconfianza y la sospecha ante los otros: a manera de un  hilo conductor que enhebra – a manera de una gran telaraña - todo el tejido social peruano. La nuestra es una sociedad anómica (donde no se respeta las normas), en la que prevalece el “malestar en la cultura”, como diría Sigmund Freud.

La delincuencia está en pleno centro del sistema, no está en los márgenes. No es marginal, ni pasajera- ola delincuencial-  como creen algunos “expertos”. Es la cara obscena de un sistema anómico, que funciona por inercia. ¿Qué hacer?... Creo que ahí tiene un gran rol la Academia (universidades, institutos de investigación, ONGs de defensa y promoción de los  Derechos Humanos, y otras instituciones)
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EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 31 de mayo de 2023. Luis Alberto Arista Montoya.

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