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GOTITA DE BONDAD DE DON MARINO SÁNCHEZ ANGULO

Pastillita del Alma 04 – 01 - 2022 Este es un comentario, más o menos aproximado tal cómo me relató uno de los protagonistas, durante una tertulia por teléfono en esta época en que la pandemia, nos viste de paciencia y nos alegramos cuando alguien nos llama o nos contesta con gozo, mientras e

GOTITA DE BONDAD DE DON MARINO SÁNCHEZ ANGULO



05/01/22 - 04:24

Pastillita del Alma 05 – 01 - 2022

Este es un comentario, más o menos aproximado tal cómo me relató uno de los protagonistas, durante una tertulia por teléfono en esta época en que la pandemia, nos viste de paciencia y nos alegramos cuando alguien nos llama o nos contesta con gozo, mientras el tiempo transcurre inmisericorde, lento y a veces aburrido, cuando nuestros ojos de tanto leer se cansan y lagrimean.

¡¡¡ Vamos a chiquerear !!!, claro esta palabra no figura en el Diccionario, pero si la palabra Chiquero, que es el establo para ganado de cerda y que, en el decir de la gente de nuestra tierra, “chiquerear” lo dicen cuando las personas recogen, por las tardes, al ganado lechero para separarlos de sus crías y así las vacas den más leche, al segundo día.

Don Marino Sánchez Angulo, para sus amigos muy cercanos, don Marino Sunchos, era un profesor de educación primaria, que ejerció la parte de su profesión en el departamento de  Amazonas y como tal, sujeto a los avatares de la política y de los políticos de turno, con relación a su colocación en los diferentes pueblos de nuestro basto y privilegiado departamento de Amazonas, ahora región, en ese entonces casi desconocida, antes que la fortaleza de Kuélap y las cataratas del Gocta, que siempre estuvieron allí, hicieron noticia nacional y mundial, para beneplácito de los turistas y de nuestra tierra.

 Me cuenta mi amigo muy querido, que en cierta ocasión don Marino, un personaje muy especial, polifacético, amable y bondadoso, escritor y amigo de deveras entre los amigos, le tocó trabajar en un pueblo lejano de la ciudad de Chachapoyas, más o menos a unas 50 leguas de la capital, a la que muchas veces tenían que irse a lomo de mulo o en los dos únicos camiones, con llantas parchadas y limpia parabrisa manual, que había en ese entonces, el Sharpango del maestro Escurra o el camión del cholo Rojas, las veces cuando estaban en condiciones de transitar.

Don Marino, fue nombrado director de una escuelita primaria, casualmente en ese pueblo, que era como un puerto para los viajeros por caminos de herradura que se iban al departamento de Cajamarca, al cual se dirigió con su amada esposa y con sus pequeños hijos, el mayor de los cuales estaba más o menos en los 6 a 7 años de edad, que cursaba el 2° año de primaria y que en los recreos y las clases de educación física recibía todas las patadas de sus compañeros en los partidos de futbol, por ser hijo del director, razón que perdimos la ocasión de tener un Messi o un Gianluca en nuestra región.

Pero, sin salirme del tema y relatar lo que me contaron sobre “chiquerear”, debo mencionar que don Marino, en su labor ejemplar de pedagogo, de formador de hombres de bien, había hecho un acuerdo para que los sábados por la tarde, en forma voluntaria, los alumnos que deseaban se iban a traer las vacas y los terneros de un señor hacendado que tenía una casa muy grande y sus tierras de pastoreo, estaban detrás de su alojamiento donde había un corral enorme, para separar a los becerros, que pernoctaban durante la noche. Este ejercicio que lo hacían los alumnos que voluntariamente se anotaban para el día sábado, eran recompensados por un delicioso desayuno de leche fresca, recién ordeñada de las vacas y con panes y murones que repartía la esposa del hacendado y sus hijas, además los familiares se encargaban de curar a niños de escasos recursos económicos, que padecían alguna enfermedad e inclusive les obsequiaban ropa. Esta parte de las curaciones y de los obsequios no es cosecha de mi informante sino suposiciones propias, por cuanto conocí, muy de cerca el buen corazón del benefactor y sus familiares.

Don Marino Sánchez, un profesor ejemplar, que por sus obras y su ejemplo como hombre de bien, tiene el gran derecho de llamarse Maestro, pues como docente en los diferentes pueblos del departamento de Amazonas, sentó cátedra de hombre probo, preocupado en la educación de los niños, de su salud de su alimentación, de la forma en que los padres trataban a sus vástagos y no solo era el que se dedicaba a cumplir un programa de docente, sino a desarrollar un apostolado tanto en los niños como en sus hogares. Obra fecunda de los profesores de antaño, que han dejado recuerdos imperecederos en las generaciones, que han ido repitiéndose de abuelos a padres, de padres a hijos y ahora son leyendas increíbles de gente dedicada al Magisterio igual que un sacerdocio, sin sotana, que, en estos tiempos, cumplen con orgullo muchos de los verdaderos profesionales de la educación nacional.

Don Marino Sánchez Angulo, por la educación de sus hijos vino a vivir los últimos años de su vida, en la ciudad de Lima y después de su jubilación se dedicó a plasmar en folletos y pequeños libros sus bellos escritos y anécdotas de su vida como maestro que fue la pasión de su vida y cuya herencia legó a algunos de sus hijos, que también con su labor, sacan lustre el bien ganado prestigio de su progenitor.

Es encomiable la labor de nuestros profesores de tiempos de antaño, que ni siquiera se quejaban de los reducidos sueldos, que como hoy recibían. 
Ser Maestro en esa época era un honor indiscutido y los que ejercían esta ejemplar profesión eran personajes de las mejores familias, que orgullosamente lucían su grado de profesores, verdaderos Maestros y arquitectos del destino de nuestros pueblos, que no solo se encargaban de cumplir con sus programas de instrucción, sino eran modelos por su forma de vida y por su comportamiento ante la sociedad.

Ahora que nuevamente, al parecer vuelven los niños a tener clases presenciales, debemos elevar nuestras oraciones a DIOS, para que nuestra Patria, el Perú, tenga profesionales que se dediquen a cumplir con su vocación de ser Maestros, de ser los artífices de una niñez, que en estos tiempos, están en la peor escala del conocimiento estudiantil a nivel mundial, solo por culpa de aquellos que se dedican a ser profesores, por ganarse un sueldo y encubren otras pretensiones y logran inclusive desarrollarse en actividades para los cuales no se encuentran lo suficientemente preparados, dejando en ridículo la profesión del MAGISTERIO, cuyo mejor ejemplo es Nuestro Señor Jesucristo, que enseñó como el  arquetipo  dechado de virtudes, que sin dejar un mensaje escrito, su doctrina y enseñanzas de Amor y respeto primero a  Nuestro Padre Celestial y luego a nuestro prójimo, tiene validez por más de 2,000 años.

Jorge REINA Noriega
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