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SEÑOR PROFESOR DON LUIS HERRERA CASTRO

Pastillita para el Alma 17 – 10 – 2022 Después de una penosa y larga enfermedad, dejó de existir, en la ciudad de Chachapoyas, el polifacético profesor don Luis Herrera Castro

SEÑOR PROFESOR DON LUIS HERRERA CASTRO



20/10/22 - 14:53

Pastillita para el Alma 17 – 10 – 2022

Después de una penosa y larga enfermedad, dejó de existir, en la ciudad de Chachapoyas, el polifacético profesor don Luis Herrera Castro, en quien se cumple, a carta cabal, aquel antiguo adagio: “Hay personajes maravillosos, que no deben haber nacido, y si nacieron, nunca deben  morir”, pues efectivamente nuestro muy llorado profesor, fue un hombre excepcional, que logró sembrar a lo largo de su vida una serie de valores y de hechos, que difícilmente serán cubiertos con el manto indiscutible del correr de los años, que todo lo desaparece y desvanece.

Nacido para el arte, en sus diferentes facetas del quehacer humano. Me contaba mi querido compadre don Marino Sánchez Rubio, quien fue su compañero en la educación primaria, como una anécdota de su habilidad, que Lucho Herrera, le solicitaba que le enseñe a tocar guitarra y ante la insistencia de su pedido le dio algunas clases y cuál fue su sorpresa, que al encontrarse después de pasadas las vacaciones de fin de año, que en esa época era de tres meses, su alumno lo había superado largamente.

Siempre con una sonrisa imborrable en su rostro, que con el devenir del tiempo se fue acentuando, dejando la impresión del abuelito bueno, chocho y bondadoso, tal como aparece en una de sus últimas fotografías. Pues es cierto, mi querido compadre, don Luis Herrera Castro, fue un hombre magnánimo, en toda la acepción de la palabra. Viene a mi memoria, una de aquellas serenatas eternas, allá por los años de 1965, un año después de inaugurado el hospital Virgen de Fátima, justamente en la calle que colindaba con la residencia de enfermeras, el trinar de la guitarra y la voz melodiosa de Luis Herrera Castro, cantando “Tan Enamorados”, un bolero del Trío Los Panchos, que es un lamento apasionado de un hombre enamorado, que en la eternidad que dura un minuto, cambió tres vidas, dejando como en una pavesa, el humo de un amor, al parecer indestructible, que se convirtió en ceniza.

Mi estimado e inolvidable Luis Herrera Castro, fue socio fundador del Club Sachapuyos, donde inclusive jugó vistiendo la casaquilla de su Institución, sin embargo valió tanto  la amistad entre hombres de buena voluntad, que aceptó inscribirse en el Club Deportivo Cultural Higos Urco, con cuyos socios preparó y dirigió una velada artístico cultural que se presentó en el Cine Teatro Central con un rotundo éxito, tanto así que salió de nuestros linderos para ir a exhibirse en Rioja y Moyobamba de la región San Martín, donde bajo la dirección de nuestro inigualable profesor Luis Herrera, conmovió las fibras más íntimas del corazón de nuestros hermanos de dicha región.

En el Colegio de la Virgen de Asunta de Chachapoyas, cuyas paredes, ahora visten de riguroso luto, siempre estará grabada, en forma invisible, la imagen carismática y la voz inigualable del maestro, del amigo, del sabio consejero, sembrador y cultivador de las semillas del amor, en sus diferentes facetas, allí en su colegio, donde fue un excelente profesor de arte, tuvo la materia prima para presentar obras de teatro de diferente índole, yendo desde la comedia al drama, para deleite de los espectadores. También era un gran cantante, donde destacó en la Escuela Normal Mixta de Chachapoyas, juntamente con sus compañeros de estudios, la señorita Wilma Cáceres Candamo y Marino Sánchez Rubio, siendo inolvidables sus interpretaciones de Júrame, Mis Noches sin Ti, Camino Verde, entre otras muchas más, que se convirtieron en melodías y poemas, que permanecen incólumes y para siempre en un rinconcito de ese cofrecito sagrado de nuestros recuerdos. Fue solista como cantante en la Orquesta Herrera Hermanos y para nosotros los chachapoyanos, de ese entonces, ni Lucho Barrios, Javier Soliz, ni la voz apasionada de Pedro Infante ni de Leo Marini han dejado tantos recuerdos y vivencias en los viejos salones del Centro Social Amazonas o del Club Higos Urco donde en la cadencia de un bolero nos jurábamos amor eterno con la niña enternecida de nuestros años de juventud.

Fue un eximio pintor y dibujante y como todo artista calificado y orgulloso de su trabajo, jamás vendió ninguna de sus maravillosas obras; tampoco, nunca pintó dos cuadros iguales. Estas obras de arte bellamente enmarcadas, las obsequiaba a sus predilectos y escogidos amigos. Tengo el gran honor de haber sido favorecido con dos pinturas, una que enaltece y se luce en   mi hogar y la otra que estuvo en el consultorio de mi Clínica Virgen de Lourdes.

Durante su trayectoria profesional fue galardonado con cientos de diplomas y condecoraciones y en su carrera del Magisterio Nacional, le concedieron Las Palmas Magisteriales. Fue director del Instituto de Cultura, descubridor, según me informan, de las momias de la Laguna de los Cóndores e iniciador del Museo de Leymebamba. Fundador del Comité de Progreso de Amazonas COPRA, cuyo local fue comprado por él mismo y un grupo de asociados, luego cedido a la Región y donde funciona el Local de la Escuela de Bellas Artes de Chachapoyas. Durante su mandato en el INC dio mucha importancia a la conservación de la Fortaleza de Kuélap, la cual fue promocionada con muchos acontecimientos de tipo cultural, aumentando el turismo nacional e internacional, sin embargo, lo más importante, es que Luis Herrera Castro, fue un ícono en el acervo cultural de Amazonas, casado con la señora Teresita Guerrero, dama chachapoyana, que le cubrió con su amor y sus cuidados hasta los últimos instantes de su vida, con la que tuvo 4 hijos, maravillosos seres humanos, triunfadores en la vida y que tienen los mismos quilates de su amado padre de quienes han heredado su bondad, honestidad, su  personalidad y su gran calidad humana. Ahora que el esposo amado ya no está, que el padre adorado alzó vuelo hacia el cielo, el abuelito amoroso y chocho se fue para no volver, entonces solo les queda compensar su inmenso dolor, con el recuerdo imborrable de todas las cosas buenas que hizo en esta tierra y seguro están que seguirá dictando clases a los angelitos arriba en el cielo junto a Dios, porque los verdaderos maestros nunca mueren y siguen dictando lecciones, aún sin verlos, porque su cátedra está en sus obras y en el ejemplo que nos dejan. 

Los grandes hombres, escogidos por Dios, dotados de dones y virtudes especiales, guardan en lo más profundo de su ser, misterios que no comparten con nadie, ni aún con sus seres más queridos y ellos, secretamente, los paladean, los esconden y los disfrazan en la mueca de una sonrisa, sin embargo, en la luz que irradia una mirada, se vislumbra el enigma de un alma atormentada, que les conduce a ahogarlas, para nunca ser descubiertas, por personas injustas y maldicientes, que no entendieron el lenguaje del espíritu y así se sumergen en el marasmo del deleite de la vida mundana, hasta conseguir destruir el vestido del alma, cargando patologías que los acarrean hasta la muerte, poniendo fin a una vida llena de triunfos y laureles.

Repican lúgubremente las campanas de nuestra tierra. Lloran las damas amazonenses y los caballeros se enjugan una lágrima, con un pañuelo almidonado, que esconden rápidamente, señoritas, señoras y hasta abuelitas, que ayer fueron niñas en el Colegio Virgen de Asunta y aún en el glorioso Colegio San Juan de la Libertad, sienten un gran dolor por su viaje sin retorno del inmortal profesor de arte que puso su vida y su magisterio al servicio de la juventud de nuestra pujante región Amazonas y perennice en la historia.

SEÑOR PROFESOR, DON LUIS HERRERA CASTRO, DESCANSA EN PAZ.

Jorge REINA Noriega
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