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LA ESCALERA DE LA MUERTE

Pastillita para el Alma 30 – 01 – 2023 En el barrio de Luya Urco, por arriba en la falda del cerro de El Colorao, en el jirón Arequipa

LA ESCALERA DE LA MUERTE



30/01/23 - 04:04

Pastillita para el Alma 30 – 01 – 2023

En el barrio de Luya Urco, por arriba en la falda del cerro de El Colorao, en el jirón Arequipa, casi en el cruce con el jirón Salamanca, subiendo como quien va al Pozo de Yana Yacu, a la mano derecha, encima de un poyo de más o menos un metro y medio de alto, había una casita de un solo piso, que era de doña Perpetua, no recuerdo su apellido, cuyo compañero era un señor Domínguez, que tenía dos hijas, una de las cuales se llamaba Casilda, la otra hermana, se casó con el señor Ricardo Sifuentes, que era de Moyobamba, un gran acordeonista que competía con mi compadre Leonardo Santillán, amenizando las fiestas de la sociedad chachapoyana y un hijo hombre, que desconozco su oficio o beneficio. Arriba en el terraplén de tierra negra, había un pequeño patio, con un poco de champas y mala hierba, cercado con pencas y árboles de naranjos, al fondo del patio más o menos a 7 metros, una casita de paredes blancas, con techo, la mitad con tejas y la otra con paja, amarrada con guanchil, tenía una tienda, que funcionaba como cantina, donde vendía una chicha de jora, depositada en tinajas grandes de arcilla, cuya boca tapada con un tronco de madera, envuelto en una tela de dril. El contenido de las tinajas era una chicha de color marrón claro y que tenía burbujas de espuma y daba la impresión que la chicha estaba hirviendo. Doña Perpetua servía la chicha en cantaritos de arcilla con unos pates como pocillos, reemplazando a los vasos de cristal. Dicen que la gente que probaba la chicha siempre regresaba, porque doña Perpetua tenía un secreto cuando preparaba la chicha de jora, haciéndola hervir con una pata de vaca y según contaba la gente, al fondo de la tinaja, había una calavera y huesos humanos que era el gran secreto para que la gente regrese. Cuentan que Casilda y su hermana, preparaban la cecina de chancho y de res, martajada, en batán de piedra y con un chungo de color plomo, semi redondo color del acero. La cecina lo servían en una cashque, como azafate y con lapas de porto mote, con una salsa de ají rocoto que picaba dos veces. No sé porque a la cantina lo decían La Escalera, porque nunca vi una escalera ni de piedras, ni de magueyes, tal vez, solo fue de tierra y con la lluvia, los peldaños se borraron y por eso muchos que se pasaban de tragos y cuando la tierra estaba húmeda por la lluvia, se voleaban hasta el jardín de la iglesia de Natividad, lo de la Muerte, ahora me explico, era por lo de la calavera.

Este paraje del barrio de Luya Urco de nuestra linda Chachapoyas, tiene una cosa muy especial, tanto por los personajes que habitaban dicha zona, así como por la presencia del Pozo de Yana Yacu, que es un atractivo turístico de nuestra localidad, al igual que la iglesia de la Virgen de Natividad, que es una reliquia muy antigua, cuya celebración o su día central es el 8 de setiembre, si la memoria no me falla. Esta iglesia con una portada amplia de color celeste, paredes pitadas con tierra y una torre con una campana pequeña. No recuerdo bien si en la pared de la derecha o de la izquierda había un cuadro, con marco de pan de oro, pintado al óleo de San Francisco, así como otras imágenes en cuadros, de la época colonial. Estaba El Señor de las Ánimas, que salía en procesión el 2 de noviembre y en la parte central del altar mayor la imagen de la Virgencita de Natividad.

En la esquina de Arequipa y Salamanca, la casa del cabo de la Guardia Civil, don Federico Chuquisengo Ramos, casado con doña Rosita Aniceta Mendoza Montalban, natural de Iquitos que tenía cinco hijos, la mayor Doris, muy bonita que llegó a ser dama, juntamente con Olguita Kahn, cuando Teresita Pazos, fue reina del Carnaval de Chachapoyas, allá por la mitad de la mitad del 50. Doris Chuquisengo se casó con don Liborio Castañeda Hernández, que fue sub prefecto de Chachapoyas; su segundo hijo Edison es dentista, al igual que cuatro de sus hijos, y el último de los Chuquisengo Mendoza es Hubner, gringo, de pelo colorado, técnico electricista y muy devoto de la Virgencita de Natividad, encargado inclusive de la restauración de su templo y de conservar sus tradiciones… frente a la casa del cabo Chuquisengo, estaba la casa de doña Zoilita Santillán Mendoza que tuvo un hijo muy apuesto Napoleón Tenorio Santillán, que según me cuentan tocaba muy bellas melodías en una guitarra de aluminio, esa guitarra de aluminio, yendo el tiempo llegó a poder de un joven Carrillo. Napoleón, que era muy engreído por su mamá y sus tías, era muy aficionado a la literatura e inclusive escribía muy bonitas poesías, se casó con la señorita María Antonieta Zubiate Torrejón, con la cual hizo una linda pareja, con hijos y nietos que fueron su alegría y felicidad. La huerta de doña Zoilita Santillán colindaba con la cantina La Escalera de la Muerte. 

Doña Zoila y sus hermanas eran damas muy respetables que se dedicaban a bordar y tejer, en telares muy especiales de cuyas manos, salían verdaderas bellezas de bordados que se lucían en los mantos y vestidos de los santos de las diferentes iglesias de la localidad.

Don Juan Honores, era uno de los famosos albañiles de esos tiempos, que vivía detrás de la iglesia de la Virgen de Natividad, tenía dos hijas y en el mismo barrio, competía con don Manuel Solsol, que también fue otro albañil, que eran los constructores de las casas de muchos de los pobladores de la ciudad de Chachapoyas, expertos en hacer los adobes, mezcla de tierra y paja, colocados en moldes de madera dejados secar al tiempo y con los que hacían las paredes de los domicilios, completando su trabajo con las habilidades de los carpinteros de ese entonces don Manuel y don Carmen Valdivia, don Manuel Llaja y el Filuchito Muñoz empezaba a debutar exitosamente, encargados de la compostura de los tejados, de puertas y ventanas e inclusive de los entablados machimbrados, que se lucían en los salones de las casas.

Famoso nuestro barrio de Luya Urco, por ser la residencia de nuestra mama Asunta,  Patrona y Reina de la ciudad de San Juan de la Frontera de la ciudad de los Chachapoyas y coronada por el Nuncio Apostólico en el Congreso del Año de 1947 y que celebra su Día Central el 15 de agosto de todos los años con la visita de muchos devotos de todas las partes de nuestro amado Perú y del extranjero.

He querido volcar en esta mi Pastillita para el alma, el barrio de Luya Urco de nuestra ciudad, refiriéndome muy ligeramente al Pozo de Yana Yacu, de cuya agua, él que toma se queda en nuestra tierra y fue el resultado de un milagro que nuestro Santo Toribio de Mogrovejo hizo brotar agüita pura y cristalina de una roca en el cerro del Colorado y que en otro momento lo describiremos con un poquito más de detalles. 

Esa zona del barrio de Luya Urco famoso por los tamalitos de doña Carmencita Castillo, también de la Escalera de la Muerte y del rico combinado de mote y frejol con su perejil de Hildita purtomote.

Son rinconcitos de nuestra amada tierra, que vienen a nuestros recuerdos como lucecitas que nos alumbran fugazmente y nos muestran cuando en mis años de estudiante pasaba antes de las 6 de la mañana, por la carretera al aeropuerto, con nuestro cuaderno, estudiando con ahínco las lecciones de nuestro colegio del San Juan de la Libertad y repasando mentalmente las clases magistrales de nuestro profesor don Máximo Rodríguez Culqui, cuando decía: “El mundo sideral es el universo infinito donde las estrellas se encuentran repartidas como polvo en el espacio”. Gloria y honor a nuestros maestros, que además de sus clases nos enseñaban con el ejemplo de su personalidad subyugante.

Jorge REINA Noriega
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