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CAMINANTE

Pastillita para el Alma 07 – 06 – 2023 Antonio Machado: “Caminante, no hay camino; se hace camino al andar”

CAMINANTE



07/06/23 - 12:25

Pastillita para el Alma 07 – 06 – 2023 

Antonio Machado: “Caminante, no hay camino; se hace camino al andar”
Este pie de verso, siempre que lo escucho o lo leo me llena de nostalgia, de melancolía, de tristeza en el alma, golpea las fibras más íntimas de mi ser. Será tal vez porque la simple palabra “camino”, en forma de paraje, de un sendero, de una vía o quizás el recuerdo de una canción, en alguna forma marcó mi vida desde mi niñez o desde mi juventud. 

Será esos caminos de mi niñez, trazados entre los pajonales de la cordillera, donde el frío silva y la soledad mata, el cielo encapotado, los truenos sonando como que se abría el cielo y el aguacero parecía baldazos de agua y los relámpagos iluminando el horizonte, mientras el granizo y las gotas de lluvia golpeaba la cara y tus manos entumecidas se agarraban con fuerza a la montura del potro alazán, que caminaba resoplando y su aliento parecía como bocanadas de humo y de rato en rato, escuchaba la voz de mi padre, que decía: “Los Reina, somos valientes y jamás tenemos miedo” Ese fue mi padre, cabalgando un mulo elegantemente aperado, estribos de plata, riendas con adornos, y espuelas del mismo metal, sombrero de paja y a veces un casco de color beige, con su poncho negro enjebado, igual al que llevaba yo.

Los años han pasado inmisericordemente.

Ayer, una pequeña descripción de mis años infantiles, pero mis pasos siguieron haciendo caminos invisibles, en los corredores majestuosos de la vieja casona de San Marcos del Parque Universitario en mis años de Pre Médicas, sin olvidar mis trancos obligados y casi inseguros de la Escuela de Ingenieros, ahora Universidad Nacional de Ingeniería, en el año 1955.

“Caminante, se hace camino al andar” Diferentes los pasos en cada instante de nuestra vida, hay lóbregos, tambaleantes, dubitativos, pero siempre hacia adelante, esa era mi meta que me había trazado. No podía ni debía doblegarme. Mis pasos era de vencedores, a pesar que tuve innumerables batallas, para retroceder y abandonar mi sendero, como la enfermedad de mi hermano que estaba bajo mi tutela, o los desafíos, al parecer simples escarnios, que eran en realidad agresiones, de un catedrático inolvidable y después muy querido, que aunque hizo lo imposible por vencerme , no lo consiguió y más bien me dio la fuerza para no desfallecer jamás en mi primer año de la Facultad de Medicina de San Fernando, poniendo a prueba mi coraje rebelde y provinciano y el consejo de mi viejo de nunca darme por vencido y seguir al frente, aunque se tenga que llorar lágrimas de sangre. ¡No te rindas nunca! siempre me decía y ese ha sido el escudo de protección que me ha defendido.

Luego la calma, el caminar lento o apresurado, por los pasillos de los hospitales, entre las losetas y azulejos que rezuman olor a pena, a dolor, a tristeza, a pobreza de reales, de monedas, de miradas cancinas de ojos que de tanto llorar, se han quedado secos, de manos implorantes, de labios enmudecidos con plegarias silentes, que de tanto pedir compasión y piedad a los personajes vestidos de blanco, eran como estatuas andrajosas de mármol, con sus manos unidas en oración a ese Dios, que tarda, pero estoy seguro no nos olvida.

“Caminante no hay camino”. Lo siento en mi carne propia y duele como un puñal clavado en todo mi pecho, después de todo lo que he recorrido... Tanto andar has podido y te felicito, ¡No te has cansado!, a pesar de que el mundo te ha golpeado, como a nadie en este mundo, no te has detenido. Lograste lo que has querido, no seas mal agradecido.

¡¡¡Cierto!!! Ahora, caminas lerdo, como contando tus pasos, no los arrastras, todavía tienes dignidad y me alegra. Levanta tu cabeza, mira al frente, aunque las cataratas no te permitan ver, sonríe, eres un triunfador, ganaste en cientos de fracasos y esos te enseñaron como lecciones de fierro candente que te quemaron el cuerpo y el espíritu... La vida es un aprendizaje constante y permanente y nunca te has rendido.

Caminante, a veces te veo triste, acaso tienes algún dolor que te atormenta, recapacita, los ejes de tu carreta ya se oxidaron, la bomba de tu corazón se va cansando y los fuelles de tus pulmones se van averiando. Que me duele la espalda, la cintura y las coyunturas, ¿qué, quieres?, es lo normal y siéntete feliz, porque si te duele, es señal de que estás vivo, caso contrario, cuando te despiertes y no te duela nada, no te alegres, no es que te curaste, es porque ya estás muerto.
Ahora todavía ríe, alégrate, porque tu mente, que es el motor eléctrico de tu vida, todavía te funciona y maravillosamente bien. 

Te quejas porque tienes decepciones, sientes que la gente no te quiere, que se cansaron de ti. 

¿Qué quieres? Que te sigan engriendo. ¡Despierta viejo! Ya no les sirves, les estorbas. Recuerda eres un mueble viejo con polillas a montones, ocupas un sitio y ese ya no es tu lugar.

Esto es lo que sienten, algunos viejos, cuando la vejez, que es “una enfermedad” los invade el alma, cuando los años se quedan en la mochila que cargamos en la espalda y no los dejamos pasar.

Viejo es el que no sonríe, el que no se mueve, el que se siente abatido por la soledad, el que no escribe ni se comunica, aunque, nadie lo lea o le conteste. Yo, personalmente, tengo la suerte de tener un gran amigo de Promoción que vive lejos muy lejos de mí, habla otro idioma, tiene otras costumbres y de él, casi no recuerdo ni su cara, porque éramos alumnos, por nuestros apellidos, de dos grupos diferentes, en la Facultad de Medicina y hace casi sesenta años que ya no nos vemos, pero tiene la gentileza de leer mis Pastillitas y lo mejor de todo me hace saber que las lee y encima las comenta y anima a seguir escribiendo, eso me regocija mucho y me da vida, aunque otros, aquellos que dicen ser mis amigos o solo mis conocidos, se enojan, cuando las comparto mis escritos en los medios virtuales porque opinan que escribo muy continuo y mis mensajes son muy largos, sin embargo así y todo los quiero igual y así no quieran seguiré escribiendo hasta que el alemán no me encuentre, porque me sigo escondiendo para que no me ubique.

CAMINANTE
Antonio Machado
Caminante, son tus huellas
   el camino y nada más,
Caminante, no hay camino
   se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino
   y al volver la vista atrás
Se ve la senda que nunca
   se ha de volver a pisar
Caminante no hay camino
    solo estelas en la mar.

Jorge REINA Noriega
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