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AMANDO LA VIDA

Pastillita para el Alma 25 – 01 – 2024 Se dice que, la vida sin pesares no es vida y al parecer, la felicidad completa no existe,

AMANDO LA VIDA



25/01/24 - 03:51

Pastillita para el Alma 25 – 01 – 2024

Se dice que, la vida sin pesares no es vida y al parecer, la felicidad completa no existe, porque siempre hay heridas pequeñas y grandes, escondidas para los que nos miran, nos observan, nos juzgan, deseando adivinar una mirada triste, por el daño que nos hicieron o pretenden ocasionarnos, envidiando la paz y felicidad de nuestro aparente, bienestar tranquilo y es aquí, en este momento crucial de nuestra existencia, cuando tenemos que ponernos a prueba, sin que valga la edad en que nos enfrentamos, a este nuevo reto en el largo camino de nuestra permanencia en la tierra, entendiendo que somos guerreros y luchadores empedernidos en las miles de batallas que nos muestra el destino.

La soledad mata, nos aísla, nos embrutece, daña nuestras neuronas, las atrofia y las desaparece; es bueno tener un amigo, en el que puedes confiar y contar tus cuitas, confesar tus alegrías y tus desdichas, oír sus consejos y escuchar su risa sarcástica cuando no te entiende, tener un hombro donde apoyar tu cabeza y enjugar un sollozo por tus desventuras, pasar un momento de solaz y gozar del sol, el viento o la lluvia que disimula las lágrimas, cuando llora una persona, cuando duele el alma, más que el corazón. Es cierto, porque vamos a negarlo, los amigos, las más de las veces, son tus amigos cuando en algo les sirves, muchos desaparecen o la distancia nos separa, sin embargo, esa persona que, ayer cayó rendida entre tus brazos, la que sucumbió ante tus engaños, gozó contigo en su pasión desenfrenada y ahora en su vejez, ya no te sirve, como la Barby o el esbelto caballero don Juan de tu pasajera y volátil juventud, ahora en esa comunión, que solo saben hacerlo las personas valientes, intrépidas, honestas, que saben reconocer sus errores y entiende que a esta vida llegamos llorando, sin nada y será digno, irnos, también sin nada, escuchando que otros nos gimen, no porque dejamos algo o nos fuimos sin  dejar nada, sino por las huellas buenas o malas, que nunca desaparecen y permanecen sempiternas en el laberinto de nuestra masa encefálica.

Ahora, si eres una persona cobarde y timorata, no te importa el sufrimiento de nadie y tampoco, tienes el valor de acercarte y pedir perdón, a quien te prodigó su cariño y amistad, cómprate un espejo de cuerpo entero, de bordes biselados y marco de acero, ponlo en tu baño o en un lugar donde nadie te escuche y confiésate ante esa  imagen que se refleja, cuéntale tus desventuras, tus alegrías, tus derrotas y tus triunfos, tus odios y rencores, tus mentiras y verdades, reclámale, porque está tan viejo, si tiene tu misma edad, que te diga por qué se formaron esas arrugas oscuras en tu rostro, como cicatrices hechuras del tiempo, si tienes el alma joven y tu actividad y mente es como de una criatura de veinte años, pídele, que te enseñe a ser, otra vez, una persona buena, como cuando eras joven y no resabido, te diga que no tienes ningún derecho de afligir a nadie, menos contagiar tu mal carácter o tus miserias y sandeces, pues la vida no está comprada y no sabemos cuándo nos llevará la parca.

Sin embargo, muchos nos aislamos, porque deseamos, encontrar el silencio y balbucear el nombre de nuestra adorada madre, de nuestro viejo o de un familiar querido, tratar de decir que vive en nuestro recuerdo y se siente en cada suspiro …, insensatos…, jamás podremos mentir a nuestro corazón herido, porque ese nombre y esa imagen, lo llevamos grabados en las fibras más íntimas del corazón y están palpitantes y vivientes en las neuronas de la atribulada materia gris de nuestros cerebros, esas son vivencias que jamás se borran, no hay en ningún sitio donde se refleje y solo Dios y uno mismo somos testigos de su existencia. 

En esta Lima virreinal, donde vivo, de lindas mujeres y esbeltos caballeros, de picarones y anticuchos, de hermosas avenidas y casas señoriales, de la marinera limeña, el tondero y la mazamorra morada, del Señor de los Milagros, Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres, la Herradura y Barros Altos, claro que yo también tengo mi espejo, con el que intercambio mis cuitas, espejo de vidrio pulido, inerte y viejo, mi fiel compañero y no porque no tenga amigos, sino que aquí en la Lima ya convertida en selva de cemento y fierro, solo puedes comunicarte casi siempre por teléfono o el internet y uno de ellos, para mi inmensa tristeza, que por su grandeza de hombre, su honestidad y don de gente, al que, realmente si se le puede llamar un amigo a carta cabal, amigo de corazón, sin ambages, sin compromisos, sin dar ni pedir nada a cambio, ahora, por esas circunstancias del destino, como nave sin rumbo, en un mar revuelto de inmensas olas, pelea y lucha con la seguridad de salir vencedor, con la ayuda de nuestro Padre Celestial y las oraciones de todos nosotros. Mi otro amigo, mi fiel e inseparable Marita, será mi compañera eterna, Dios, así lo quiera, hasta mi último viaje y los otros el Racucho, el Púchico, el Ñato, el Palito, el amorcito corazón ya no los veo, lejos muy lejos, a la otra orilla del torrentoso rio Marañón.

Vivir en este mundo lleno de amarguras y pesares, para muchos, es sinceramente vivir en el averno, más, si a todo esto se suma, la inseguridad de las personas y nuestros bienes.

Por eso, tengamos prudencia y tolerancia en nuestras expresiones y comportamientos. Talvez los jóvenes y los insensatos no se dan cuenta, creyendo que tienen un largo tiempo para permanecer en esta tierra, pero, los que ya cargamos el  perfume de la muerte en nuestro aliento, cuando nuestra ropa tiene el olor de la mortaja y el incienso y las azucenas de la capilla ardiente y mirando atrás, vemos largo el camino recorrido, que fue verde en nuestra juventud y ahora lóbrego y triste, sabemos y entendemos, que el tiempo que nos queda es una joya valiosa, que, se debe cuidar minuciosamente, para poder vivir a plenitud, muchos años más de vida y esperando que nuestros amigos y congéneres sigan nuestro ejemplo, de dejar huellas de bondad y estimación entre las personas, capeando, como buen “mataoor”, los pesares y avatares que nos depara el destino y aunque les duela a otros, brillando y saliendo en hombros, por la puerta grande, como siempre, en la mejor faena, que es, la batalla de la vida.

Nunca jamás desmayemos ni pidamos clemencia, aprendamos de nuestro pasado y miremos valientes, sin miedo, el futuro, confiando, solo, en nuestro Padre Celestial, que nos protege y lleva en la palma de Sus Manos. Amen.

Jorge REINA Noriega
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