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RESCATAR LA ALEGRÍA

Luis Alberto Arista Montoya* Ahora mismo, exaltar la emoción de la alegría resulta un tanto paradójico, quizá hasta un poco estúpido, puesto que las capas de sufrimiento social se van acumulando: con la rememoración de la crueldad terrorista de Sendero Ominoso causada por la muerte y el macabro juego político del cadáver de Abimael Guzmán, estas capas se engrosan a manera de estructuras hojaldradas.

RESCATAR LA ALEGRÍA



21/09/21 - 04:01

Luis Alberto  Arista Montoya*

Ahora mismo, exaltar la emoción de la alegría resulta  un tanto paradójico, quizá hasta  un poco estúpido, puesto que  las capas de sufrimiento social se van acumulando: con la rememoración de la crueldad terrorista de Sendero Ominoso causada por la muerte y  el macabro juego político del cadáver de Abimael Guzmán,  estas capas se engrosan a manera de estructuras hojaldradas.

Se suma a las de   la pandemia Covid-19 (con cerca de 200,000 fallecidos), a la de la pobreza extrema, la corrupción, la desconfianza en los políticos, la crisis económica, al desmoronamiento de  nuestras instituciones republicanas, el avance del narcotráfico, el remozamiento político casi oficial del terrorismo a través del MOVADEF, y otras capas.

El Perú es un país sufrido, doliente, atolondrado, desorientado, aturdido, donde tan solo  existen pizcas de felicidad, de alegría. Es por eso que resulta “explicable” la realización de las llamadas fiestas-covid, como expresiones de resistencia y desahogo de ciertos jóvenes (y adultos), cansados y deprimidos por los encierros y los toques de queda.

La pandemia sanitaria y la pandemia política vienen atentando también  contra la salud mental de las personas. Salud de la mente y personalidad poco atendida, invisibilizada por el Estado empírico, sobre todo  de la población escolar de niños, adolescentes y jóvenes. Nunca como hoy, Señor ministro de Educación, será necesaria la recreación del curso de Orientación y Bienestar del Educando-OBE (que funcionó eficientemente en la década de los años 70), donde la presencia y acción de un  psicólogo, de un profesor de educación física y de una asistenta social, son  de primerísima necesidad, ante la posibilidad del retorno a las clases presenciales.

 La psicóloga Lida L. Davidoff, en su libro Introducción a la Psicología (que tiene 693 páginas), apuesta por el establecimiento de una salud comunitaria, mediante una prevención primaria referida a todos los esfuerzos dirigidos a evitar el desarrollo de conductas desadaptadas, y a fomentar y fortalecer la salud psicológica, con el fin de mejorar la calidad de vida de las gentes, planeando programas y campañas ( por ejemplo: contra la depresión, o  el abuso de la droga y el alcohol como fugas de la realidad trágica) 

Sin embargo, de en medio de la negrura de esta noche existencial -  los que aparentemente nos encontramos más serenos – debemos rescatar el valor de la alegría para ayudar a los tristes o entristecidos. Tiene que brotar desde la sociedad civil, desde el hogar, desde la propia comunidad. Teniendo en cuenta que  “la noche se pone mucho más oscura en los momentos que está por amanecer”, como solía decir el filósofo Guillermo Hegel.  
  
Así como existen personas  alegres ¿también existen pueblos alegres? ¿La alegría es un sentimiento propio de  individuos, un sentimiento colectivo? Así como existen personas alegres es porque también existen personas tristes. Entonces, ¿también existen pueblos alegres y tristes? ¿El Perú es un país alegre, alegrón, triste o entristecido? ¿En cuál de las regiones hay más gente alegre? ¿Los amazonenses somos alegres, o tendemos a decir “buenos días tristeza”?

Algunos economistas durante mucho tiempo  nos han hecho creer que el Perú como país emergente era un tigre andino del crecimiento económico. Obviando que un tercio de nuestra población está constituido por tristes tigres que  no comen trigo porque no lo tienen. Es más, importamos trigo,  no lo producimos. Al subir el precio internacional del trigo suben los precios del pan y de los fideos, por ejemplo. Ahora el Perú es un “tigre” andino triste.

Dice el diccionario que la alegría es un sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores como la risa, gestos, baile,  ¡hurras! (o ¡tres ipipras!),  o palmas. Y así como un determinado miembro de una familia  es la  alegría de la casa, así también determinados grupos sociales o colectivos suelen ser la alegría de un  pueblo entero.

 La alegría es un estado de ánimo: un estado- de- mente- y- corazón. Tiene que ver con el equilibrio psíquico, la tranquilidad de conciencia y con la armonía cerebral. En estos momentos pandémicos  más que ser alegre el hombre es un ser que está alegre, es decir, solo experimenta estados de alegría por razones concretas: por haber sido vacunado, por no haber sido contagiado por el coronavirus, por la suerte de tener trabajo, o haber aprobado un curso online, o por el nacimiento de un hijo, o porque tiene un pan diario, por ejemplo. Esos pequeños trozos de alegría hay que rescatarlos por nuestro propio bien primero, para  celebrarlos ayudando a los demás. Nuestra vida no puede ser   egoísta celebración constante.

 La manifestación de alegría – sea  individual o colectiva - es un signo claro de una buena o regular salud mental y emocional. Su ausencia puede significar depresión o melancolía.

 Ese estado mental y emocional tiene una base genética y cultural al mismo tiempo. Ciertas personas son alegres por naturaleza o tienden fácilmente a alegrarse debido a la idiosincrasia cultural de su pueblo.

 ¿Amazonas es una región alegre? ¿Los chachapoyanos somos alegres? ¿O es que tenemos esporádicas alegrías vividas solo en épocas de  fiestas patronales y fiestas folklóricas? Se nos dice que los chachapoyanos somos menos alegres que los de Luya, Rodríguez de Mendoza, Bagua o los lemichos (expertos en cantar siempre rancheras y pasillos lacrimosos); que  los chachapoyanos somos un tanto tristes y hasta pusilánimes. De alguna manera, esta caracterización es cierta. El problema está cómo medir el estado de alegría de la sociedad. Hay que hacer una encuesta. Y es básico  indagarlo para ver si   la salud mental y emocional van parejas con los avances de la modernidad científica (la aceptación de las vacunas, por ejemplo). 

 A propósito, un estudio  sobre la situación de la salud mental en el país efectuado antes de la pandemia por el Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi reveló  que las poblaciones de Chimbote, Tarapoto y Tumbes son las más alegres del Perú. La gente de estas ciudades expresaron sentir alegría con más frecuencia en comparación con los habitantes de Ayacucho, Tacna y Puno, quienes manifestaron lo contrario, y además de presentar indicadores negativos de salud mental.

Desde la época del boom de la pesquería en los años sesenta del siglo pasado, Chimbote tuvo una población golondrina de grandes oleadas de obreros migrantes  (a propósito léase  la novela  El Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo, de José María Arguedas). Tarapoto tiene una población tropical, efusiva en fiestas, pero un   tanto peleja (síndrome del oso perezoso) en la vida cotidiana. Tumbes, sin embargo, aparecía como una región atrasada, aunque el turismo playa y las conchas negras han puesto últimamente  en fa a su gente.

En cambio, Ayacucho es un pueblo entristecido, dolido, desgarrado y traumado a causa de la violencia de Sendero Luminoso, basta escuchar sus huaynos de lamento (¿Cómo se explica, entonces, que hayan votado a favor del partido Perú Libre, de talante pro-sendero?. La democracia formal, además de morbosa ha fallado en los veinte últimos años .También Tacna tiene una  fuerte migración, chilena y puneña básicamente, y carga con el trauma histórico del cautiverio y la invasión chilena durante la Guerra del Pacífico. En la parte alto andina de Puno la pobreza es atroz, en cambio en la parte de selva la vida es promisoria, sobre todo en Sandia donde se produce uno de los mejores  café orgánicos m del  mundo, el “Café Tunki”; en cambio, durante la fiesta de La Calendaria, la alegría era desbordante, antes de la pandemia.

 El problema es la pobreza, el  sufrimiento, la penuria, factores que atentan contra la buena salud de mente y corazón, que causan  depresión,  bipolaridad, alcoholismo, drogadicción,  que pueden acarrear hacia la  locura.

Por último, para terminar,  es bueno recordar que en 1785 el filósofo y poeta alemán Federico Schiller  escribió su “ODA A LA ALEGRÍA”, en la cual se inspiró  Beethoven para crear el  Cuarto Movimiento de su Novena Sinfonía.

 En 1972  esta oda  se convirtió en  Himno de la Unión Europea. Un himno a favor de la paz. “Alegría beben todos los seres/Del pecho de la naturaleza/Todos los buenos, todos los malvados”, porque la “alegría es bella chispa divina…”. La Unión Europea-UE tiene su himno, pero aún carece de una   Constitución Política única…Aún no  es plenamente alegre.

*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 20 de setiembre de 2021. Luis Alberto Arista Montoya…algo alegre, en este momento,  porque  ha salido el sol, en esta gris, fría y atolondrada ciudad de Lima, escribiendo mientras saboreo un aromático café de Montalván (chacra situada en Pedro Ruiz, provincia de Bongará, Región Amazonas).  
 

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