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Jueves, 11 de Agosto del 2022
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MANOS BENDITAS

Pastillita para el Alma 01 – 08 – 2022 Dentro de todos los órganos con los que hemos sido bendecidos por Dios, los que se muestran y se aprecian por los ojos de los otros

MANOS BENDITAS



02/08/22 - 04:07

Pastillita para el Alma 02 – 08 – 2022

Dentro de todos los órganos con los que hemos sido bendecidos por Dios, los que se muestran y se aprecian por los ojos de los otros y que muchas veces nosotros, nunca los damos importancia, hasta que nos sucede un accidente, son nuestras manos, las que, por la infinidad de movimientos y usos, nos califican y nos muestran en nuestras diferentes actividades a lo largo de nuestra existencia terrenal.

Las manos de nuestras madres son las primeras que calman nuestro llanto cuando la luz del universo ciega nuestros ojos, las que mansamente acarician nuestro torso y sentimos la protección de alguien en un mundo que se presenta hostil, por el cambio de temperatura y el temor a lo desconocido, después de haber abandonado el paraíso de las entrañas del ser que nos guardó y cuidó amorosamente en nuestra vida intrauterina y de la cual sabíamos que existía, solo por el arrullo rítmico y tranquilizante de los latidos de su corazón. Son las manos del recién nacido las que infructuosamente se mueven tratando de agarrar algo, como el cordón umbilical que fue la fuente de vida, antes de la primera bocanada de aire que expanden sus pulmones y lo demuestra que la vida es dura y difícil y que, a partir de ese momento, empieza a estar solo, en un caos ignoto e inexplorado y como en un acto de supervivencia busca coger o alcanzar lo que inconscientemente, lo protegía y cuidaba. Las manos de nuestras madres que en nuestra infancia nos enseñaron a persignarnos, haciendo la señal de la cruz, las que nos hicieron a unirlas en señal de oración o las que tejieron el primer ropón que cubrió nuestra desnudez.

Las manos un conjunto de 27 huesecitos, que se mueven con tendones y correderas como anillos…, un grupo de músculos propios y ajenos de su anatomía, irrigado por dos fuentes de arterias y venas que se inter relacionan para suplirse mutuamente, cuando una falta…, con tres troncos nerviosos que le facilitan su sensibilidad y motilidad delicada y enérgica y cubierto por un tegumento de piel fina y deslizable en su dorso y en su región palmar por una epidermis y dermis desnuda, fuerte y dura, sin vellosidades y abundantes glándulas sudoríparas, con una serie de enclaves fibrosos que lo dan su firmeza y seguridad para la prehensión, provista de corpúsculos sensitivos que lo defienden de los agentes externos como el dolor, el calor y le facilitan el tacto fino y exclusivo.

Nuestras manos prodigiosas, maravillosas, inescrutables. Son las que reemplazan a los ojos y de ayuda inmejorable en los pacientes ciegos, porque les ayudan a leer y los relacionan con el medio externo. Son las que pintan los cuadros en los artistas. Los que descubren las esculturas en el mármol, en el yeso, en la madera, en la materia sólida. Las manos toscas que mesclan el barro, el cemento, doblan y pulen el fiero y construyen puentes, estructuras, viviendas desde las chozas en los cerros o los palacetes de los ricos en las grandes ciudades. Las manos que se unen en oración agradeciendo a Dios por el milagro de la vida, las que se mueven científicamente en los laboratorios, fabricando vacunas y medicinas para nuestros males, aquellas de los cirujanos que artificiosamente son dirigidas eliminando los males que dañan nuestro cuerpo físico.

Aquellas manos dirigidas en supinación, con las palmas abiertas hacia arriba, que, son las que usa el mendigo cuando lastimosamente las extiende pidiendo una caridad humana, o las que así se acercan ante el sacerdote para recibir el cuerpo de Cristo en la hostia consagrada, en el momento de la comunión; o aquellas, que con el corazón partido claman pidiendo clemencia ante la injusticia de quien inocentemente los condena.

Nuestras manos que con los dedos encogidos son un puño que expresa, entre otras cosas,  violencia y en esta época, en que muchas veces el salvajismo predomina ante la paciencia y la tolerancia, son descargadas sobre personas débiles y peor aún, ante niños y mujeres, que son víctimas de agresiones y malos tratos, o la de aquellos farsantes, que hunden a un pueblo y con su mano derecha expresa misericordia agarrándose el corazón y con la izquierda levantada sobre su cabeza, la alza desafiante, a veces mostrando un puño o con los dedos extendidos deseando agarrar lo que no le corresponde. Imagen copiada del Cristo que aparece en un vitral sobre la portada de la catedral de la ciudad de Chachapoyas, que es un símbolo que expresa caridad y amor a sus semejantes y que lamentablemente es mancillada alevosa e inescrupulosamente por personas que engañan miserablemente a los incautos que los creen y de los cuales abusan y explotan inmisericordemente.

Nuestras manos en pronación extendidas con las palmas hacia abajo, que se posan como una caricia sobre la cabeza o la carita del niño que las madres amamantan, las que sirven como consuelo en el hombro o en la espalda del que recibe conmiseración o consuelo de la persona que sufre y pide amor que tanto falta en esta tierra, o de aquel que deposita una moneda, no como muestra de su filantropía o su falsa piedad, sino de aquel que mansamente comparte lo que a veces lo falta y son bien vistas por los ojos de Dios, no como limosnas sino como verdaderos actos de piedad y de bondad.

Nuestras manos que antiguamente y ahora último hasta antes de la pandemia, era signo de amistad y compromiso entre caballeros…, más valiosa que documentos o juramentos o las que expresaban un saludo de amistad o presentación, aquellas que en las líneas de sus palmas la gitana leía nuestro destino o la mano de aquella novia pudorosa que es pedida en una ceremonia específica y en el acto del matrimonio luce orgullosa la sortija que la convierte en esposa. Manos como alas de mariposas que se elevan hacia el cielo y en su vuelo fantasioso evocan el último adiós de una triste despedida.

LAS MANOS DE MI MADRE
(Alfredo Espino)
Manos de mi madre tan acariciadoras
Tan de seda, tan de ellas, blancas y bienhechoras
¿Solo ellas son las santas, solo ellas son las que aman?
¡Las que todo prodigan y nada reclaman!
Las que por aliviarme de dudas y querellas 
¡Me sacan las espinas y se la clavan ellas!

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas;
porque hacen que en mi sombra florezcan estrellas
Para el dolor caricias; para el pesar, unción;
¡son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de ternuras eternas:
Aprended de blancuras en las manos maternas)

Jorge REINA Noriega

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